Las áreas jardinadas son un espacio abierto, creado y controlado por el hombre para satisfacer sus necesidades de ocio y placer. En la tradición de la religión judeo – cristiana la palabra jardín significa lugar protegido para el disfrute. El jardín a través del tiempo siempre ha sido un reflejo de la relación del hombre con la naturaleza, así como su visión con un mundo ideal.
El proceso de diseño de un jardín parte de un estudio previo del terreno, su entorno físico, humano y sensorial.
El entorno físico implica obtener el máximo de información sobre los factores que condicionen el futuro de nuestro jardín, es necesario un estudio topográfico que precise conocer las condiciones geológicas de la zona, su hidrografía, el clima con sus variantes de temperatura, la precipitación pluvial y los vientos, así como conocer la vegetación existente y la que es endémica potencial de la región.
El estudio de entorno humano implica un conocimiento profundo del usuario de los jardines, sus necesidades, aficiones y gustos.
En cuanto al estudio sensorial determina las vistas y ejes visuales hacia el lugar, así como los volúmenes, formas, texturas, tonos y entornos del terreno. Es decir determinar que sensaciones queremos transmitir en las diferentes áreas de un jardín.
Como resultado de estos análisis se determinan las áreas que componen un jardín; accesos, circulaciones internas, zonas de estar pasivas o de descanso, zonas de estar activas (áreas deportivas, áreas de recreación, áreas para eventos al aire libre) y espacios de transición.
Algunos de los elementos a considerar de acuerdo a las necesidades del usuario para ambientar y quitarle la monotonía a estos espacios son los desniveles, taludes, muros de contención, espacios escultóricos, mobiliario urbano y elementos de agua (fuentes, espejos de agua, lagos artificiales, cascadas, estanques, y caminos). Con la presencia del agua en los jardines, podremos lograr imprimir serenidad, viveza, relax o energía. La luz que incide en el agua provocará efectos visuales que llenarán de magia el entorno. Una superficie en calma refleja el entorno y produce la impresión de ampliar el espacio. La iluminación cobra gran importancia en estas áreas, ya sea por seguridad o para potencializar los elementos a destacar y las sensaciones que se quieren transmitir a través de olores, colores, texturas y ambientes.
La vegetación como el elemento más importante en un jardín, se selecciona con base a las condiciones ambientales de la región, tipo de suelo, clima y las previsiones de mantenimiento, el colorido se selecciona con base a las especies tomando en cuenta la temporalidad de su floración, la que en su mayoría es de tiempos cortos, es necesario tener en cuenta que el color y sus cambios pueden introducir una gran variedad estacional interesante.
El factor de mantenimiento es necesario ser tomado en cuenta, el introducir especies autóctonas es recomendable ya que con pocos cuidados pueden llegar a desarrollarse. En zonas donde es posible efectuar trabajos de mantenimiento y conservación como lo son el riego, abonos, podas, tratamientos fitosanitarios, se pueden introducir especies exóticas y fomentar el crecimiento más controlado por el hombre.
Por lo anterior, las áreas verdes juegan un papel importante como un factor fundamental para generar sensaciones dentro de un recinto, ya que pueden ser usadas como áreas de esparcimiento, relajación, meditación, para su uso en eventos sociales, actividades de integración o como un simple escape visual después de una larga sesión de trabajo dentro de un salón de convenciones.
Arq. Ignacio Ruiz Acevedo
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