Cada viaje tiene su magia; hay viajes en familia, en pareja, solos, o de trabajo. Lo que es un hecho, es que además de aprender y disfrutar de los lugares que visitamos, todos sabemos que viajando es como mejor conocemos a las personas. Un viaje puede estrechar lazos o romperlos para siempre.

En mi opinión, pocas experiencias existen, que sean tan compartidas como viajar con tus cuates. Y me parece mágico porque se conjuga un poco de todo. Uno de los lugares ideales para ir con un grupo de buenos amigos es Tepoztlán, en el estado de Morelos.

El lugar en si, ya tiene personalidad propia. La energía se percibe diferente desde el momento que uno llega al pueblo. Al entrar, el aire se respira limpio y relajado. Existen pequeños hoteles, en donde nos dan un trato personalizado y cálido. Podemos iniciar con una buena cena para ubicarnos en tiempo y espacio. Las pláticas se entrelazan de inmediato; con las amigos se puede hablar de cualquier tema! Se puede netear. Trabajo, familia, proyectos, responsabilidades, gustos, confesiones...

El ambiente se vuelve propicio para pasar de una plática a otra sin ningún guión, se pasa de la risa a la reflexión, sin juicios ni extrañamientos... Es un clan, todo esta sobre entendido.

Ya por la mañana nos sentimos renovados, la experiencia surte su efecto. El desayuno es pausado y reconfortante. Después podemos iniciar con una sesión en el spa del hotel, un buen masaje relajante, una clase de yoga, un momento de meditación personal. Al ir con tus amigos no se siente el compromiso de hablar con el otro, porque sabemos compartir el aquí y el ahora.

Una experiencia que se encuentra fácilmente en Tepoztlán y que es gratamente reveladora, es el Temazcal. Simulando el vientre de la madre tierra, nos invita a conectarnos con el universo, nos acerca a nuestro interior. "La tierra es mi cuerpo, el aire es mi aliento, el agua es mi sangre, el fuego es mi espíritu". Y en torno a ese canto, entramos en verdadero trance de vida... Nos atrevemos a pedir a Tonantzin (nuestra madre venerada) que nos libere de nuestras cargas mundanas.

Al salir de este maravilloso y agotador ritual de purificación, nos sentimos verdaderamente liberados y unidos. Para este momento hemos compartido tantas cosas, que los lazos se han fortalecido. Relajación total, otra vez risas, otra vez reflexiones, otra vez compartir...

Amanece el domingo y después del desayuno, con la nostalgia que da el tener que regresar a nuestra realidad, lo mejor es dar un paseo por el tianguis, en donde uno puede comprar desde una michelada de a litro, hasta artesanía, juguetes, o quesadillas... Un viaje que recomiendo ampliamente. Hagamos turismo en Tepoztlán. Hagamos turismo en México. Hasta la próxima.

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