¿Tienes alguna idea de los peligros que vive un ilegal al cruzar la frontera?…

…¿Sabes lo que sienten los migrantes al jugarse la vida en busca del sueño americano?

¿Alguna vez has pensado que no tienes otra opción que jugarte la vida?...

Estas son preguntas fuertes sin duda, pero por desgracia son preguntas que muchos de nuestros paisanos se tienen que hacer, al momento de decidir salir de México para buscar una mejor oportunidad de vida.

El Paseo del Migrante o la caminata nocturna en Parque EcoAlberto es una aventura que recrea las vivencias de los migrantes ilegales que cruzan la frontera en busca del sueño americano. Este recorrido es desarrollado por la comunidad Ñahñu ubicada en el Valle del Mezquital en el estado de Hidalgo. La aventura comienza con la cita de todos los participantes en el Balneario Eco Alberto, propiedad de la comunidad Ñahñu. De ahí, nos llevaron en trocas a una zona de casas abandonadas donde tuvimos una explicación, tanto de las actividades de la comunidad Ñahñu, como de la propia aventura que estábamos por vivir y de nuestro papel de migrante ilegal en esta historia.

En nuestro grupo éramos alrededor de 15 personas y lo primero que vimos fue que se nos integraron como 10 personas más, de las cuales no sabíamos nada ni qué papel desempeñaban. Para ese entonces, los nervios ya nos habían invadido y las risas y bromas nerviosas fueron sustituidas por rostros de preocupación. Nos presentaron a nuestro “líder” o nuestro “Guía” que era el pollero, quien nos debía llevar al otro lado. En cuanto nos dijeron “todos listos”, se termina el diálogo y comienza la vivencia. Lo primero que hace el guía, sin decirnos nada, es comenzar a correr diciendo “por aquí, por aquí” mientras que las personas que se integraron al grupo comienzan a gritarnos “órale batos”, “rápido”, “muévanse”; entonces nos quedó muy claro que eran los arrieros del pollero y que no tenían la menor intención de ser una ayuda, sino más bien se limitaban a cumplir su función de polleros. Asimismo, nos quedó claro que “migrante que se duerme se lo lleva la corriente” ya que el que no alcance a los polleros y al grupo, se queda solo y perdido en el desierto. Finalmente, el pago por el servicio de cruzar la frontera ya se hizo y los polleros no tienen el menor escrúpulo en dejarte abandonado a tu suerte. Claro, aquí se trata de un juego, pero así es la realidad.

Después de correr un rato por el desierto y en plena oscuridad, de la nada se escucha la Border Patrol y a los pocos segundos aparece cerca de nosotros. Los polleros nos gritaban “al suelo todos” y no importaba si estabas en el lodo, en piedras o arbustos, “al suelo” significa literalmente al suelo, sin importar inconvenientes o peligros. Después: “Cállense, no hagan ruido si no quieren que los atrape la migra”, y de pronto alguien se mueve y la migra nos descubre, todos a correr y nos topamos con varios problemas: primero, descubrimos que ya no somos un grupo sino un montón de individuos, ya que cuando se está en peligro todo mundo se olvida de los demás y corre por su bien. Por otra parte, pareciera que los propios polleros buscan que la Migra atrape a algunos de los migrantes para así tener un grupo más pequeño y manejable, ya que las instrucciones que nos daban “por aquí”; “no…mejor por acá” parecían tener como objetivo el confundirnos en lugar de  ayudarnos.

Finalmente, la Migra atrapó a algunos del grupo mientras los demás seguimos nuestro camino. Después nos topamos con más peligros, como el propio desierto, ya que finalmente sabes que es un lugar donde hay serpientes, arañas, escorpiones y demás amenazas. Después de pasar por lodo, piedras, polvo, plantas venenosas y demás, te topas con el peor de todos los grupos: Los Cholos. Aquí todo comienza con “balazos al aire” (cuetes para efecto de la representación) y nuevamente todos al piso boca abajo y aparece un grupo de asaltantes agresivos que maltratan a varios de los migrantes (solo a los actores, a nosotros los turistas no nos tocaron, pero en ese momento no lo sabes), con la misión de identificar al guía a quien golpean con la intención de quitarle el dinero que los propios migrantes le pagaron. Y cuando la cosa se pone más tensa, aparece de nuevo la migra, los cholos corren y desaparecen entre los matorrales y nosotros nos quedamos pecho tierra esperando que no nos vean. Y es ahí donde te enfrentas a la “dulzura” de esta policía que muy bien podría ser sujeta de análisis por los derechos humanos. En mal español nos decían “Hey mexicanos, no tienen escapatoria, entréguense. Tenemos para ustedes café caliente, hamburgers y hot dogs”…por supuesto puras mentiras, ya que cuando los agarran no les dan ni agua. Mientras que entre ellos, se referían a nosotros como “those bastards”, “ I hate those beaners”, “fucking mexicans” y demás adjetivos que hacen que te hierva la sangre.

Más adelante, pasan por otros peligros como encuentros entre polleros que nos reclamaban cruzar por su territorio y se enfrentan a nuestro líder por el botín que en este caso somos nosotros. Para esas alturas uno ya no sabe quién es peor, si los gringos con su migra o los propios mexicanos con los diversos grupos de polleros o las pandillas de cholos. Después nos enfrentamos a tribus de nativos americanos que te desvían por caminos aún más difíciles, donde tienes que pasar por alambres de púas y túneles. Ya del lado americano cruzas por un túnel que es una tubería de poco menos de un metro de diámetro, poco apto para claustrofóbicos. Lo increíble es que la migra no cierra esos túneles, sino que les pone alambre de púas en el techo ¡para lastimar a los migrantes! Claro que a nosotros nos pusieron un mecate solo para que lo sintiéramos, pero a ellos les ponen alambres de púas.

Es increíble como después de un tiempo de caminar en la oscuridad, todos tus sentidos se agudizan, particularmente el de la vista. Si bien en varios  momentos no ves nada, en otros solo la luz de la luna y las estrellas te ayuda a seguir el camino. Inútil mencionar que no se llevan linternas, ya que con ellas sería muy fácil ser descubierto. Más adelante, después de una subida de piedras en la que pasamos más de una hora, llegamos a una carretera donde de nuevo apareció la migra con sus acostumbradas promesas de café y hamburguesas, pero esta vez nos amenazaron con soltar a los perros. El viento helado y los ladridos de los perros hacen que la adrenalina corra y para ese entonces algunos comenzaron a no querer seguir en el juego, sin embargo, todos seguimos hasta el final.

Es importante mencionar que desde el inicio cada uno de nosotros cargamos con medio litro de agua, el cual en las primeras persecuciones pesaba como una tonelada, sin embargo, de sorbo en sorbo te la acabas antes de lo que te lo imaginas. Nosotros vivimos una experiencia de 4 horas y terminamos agotados y con algunos raspones. En la realidad, los migrantes pasan de dos a cuatro días para cruzar el desierto y después enfrentarse a nuevos peligros como los rancheros, la policía y demás. Asimismo, vale la pena mencionar que la mayoría de los miembros de la comunidad que participan en esta representación, han sido ilegales en una o varias ocasiones, por lo que conocen perfectamente los peligros que se viven. Ellos mismos nos comentaron que lo que nosotros experimentamos no es ni el 5% de lo que en realidad enfrentan ellos, cada vez que cruzan la frontera.

El recorrido termina con una sorpresa final extraordinaria y muy emotiva, que no les voy a contar como muchos otros detalles que a propósito omití, para dejarles la inquietud de vivir esta increíble experiencia.

Siempre he tenido mucho respeto por los mexicanos que han decidido dejar todo por tratar de conseguir una mejor vida, incluso arriesgando la propia. Cada vez que viajo a los Estados Unidos y convivo con migrantes mexicanos, no puedo dejar de tener sentimientos encontrados. Por un lado me apena su situación y me avergüenza ver el despilfarro de nuestro gobierno y de las grandes empresas quienes hacen poco por esta gente. Por otro lado, siento una gran simpatía por ellos y un gran orgullo de ver la auténtica fuerza de los mexicanos. Por ello, cuando me invitaron a vivir la experiencia de ser un migrante por un día, no me pude resistir.

Después de vivir una experiencia que revive los sufrimientos del migrante, no puedo dejar de agradecer lo que tengo y expresar mis respetos a todos aquellos mexicanos que no tienen otra opción que hacer esta cruzada. Cuando se topen con ellos al otro lado de la frontera, ayúdenlos y respétenlos que no son más que mexicanos valientes que han arriesgado sus vidas para ofrecerles una mejor condición de vida a sus familias.