La sierra revestida de verde natural envuelve a la población. El aire lleva un tenue aroma a café. El agua de lluvia resbala por las tejas de los techos y resguarda los muros. El calor acaricia el cuerpo. Las calles empedradas invitan a caminarlas. Los pobladores portan con orgullo su raíz totonaca, la magia y la tradición de lo que alguna vez fue "la tierra de las plumas hermosas": Cuetzalan.
Ubicado en la parte noreste del estado de Puebla, en plena sierra, esta población tiene su propio encanto. De clima cálido y húmedo, que en cada tarde se llena de neblina, Cuetzalan espera a todo aquel que guste del olor a tierra mojada y de comer manjares mexicanos.
Aquí floreció la cultura totonaca. Conquistada por Tizoc y Ahuízot, fue invadida hacia el siglo XV por grupos nahuas. De ahí que la mayoría de su población hable totonaco, náhuatl y el "castilla", éste introducido por los franciscanos hacia 1530.
Para pasear:
A cinco kilómetros de Cuetzalan se encuentra Yohualichán, zona arqueológica abandonada en el año 1200 DC.
Hay dos formas de llegar, la más cómoda es en camión, que se aborda en la plaza principal de Cuetzalán. Las corridas salen cada cinco minutos y tienen un costo de cinco pesos por persona o, bien, caminando, si lo que prefiere es refrescarse con la lluvia y admirar el paisaje, al mismo tiempo que hace un poco de ejercicio.
Cascadas y grutas:
Entre los ríos de la región destaca el Cuíchatl, que se desliza al sur de Cuetzalán y sale por el noreste del municipio. Más adelante se encuentran las pozas de Cuíchatl y la cascada de las Brisas, las Pozas de Atepatáhuatl y, más lejos, las de las Hamacas.
Otro atractivo de Cuetzalán son sus cavernas. Se calcula que miden 32 kilómetros de largo, pero sólo dos son accesibles: Chivostovoc y Atepolihui. Esta última con varios salones de estalactitas y estalagmitas. Para conocer cuevas y cascadas es posible contratar guías en la delegación de turismo de Cuetzalan. El costo es de alrededor de 30 pesos.
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