Una de las formas más recomendables de complementar la ruta del Pulque, la de los llanos de Apan, es visitar el ex convento de Acolman, una verdadera reliquia del pasado colonial.
Se trata de uno de los conjuntos más llamativos del estado por su tamaño y diseño arquitectónico. Fue construido por los frailes agustinos entre 1539 y 1560 siguiendo el estilo de fortaleza, tan característico del siglo XVI.
Visita a otros siglos
Su fachada, al fondo de un gran atrio cuadrangular, se compone de la portada del templo rematada por una espadaña, una capilla abierta anexa y la portería del convento. Constituye uno de los ejemplos más admirables de la arquitectura plateresca de la época, por la belleza tanto de sus columnas y de los detalles decorativos en el friso y en el arco de la puerta, como de las esculturas que rematan el friso y que flanquean a dos ángeles músicos, y de la ventana del coro.
El silencio invade los pasillos del convento. Aun pueden verse algunos frescos y pinturas del siglo XVI. Parte del recorrido se concentra en caminar por extensos pasillos abiertos al público. El interior del templo sorprende por la altura de sus muros; la nave conserva restos de algunos retablos barrocos de buena factura y en el presbiterio se advierten interesantes muestras de pinturas murales con imágenes de santos agustinos, sacerdotes y papas.
El convento anexo cuenta con dos claustros, uno pequeño de arquitectura sencilla, y el principal o claustro grande, que exhibe una hermosa arquitectura de estilo plateresco con columnas talladas y rematadas en la parte baja por esferas de piedra.
En los espacios entre los arcos del claustro bajo puede verse una serie de grabados en piedra con escenas alusivas a la Pasión de Cristo y los monogramas de Jesús y de la Virgen. Los muros del claustro alto conservan excelentes muestras de pintura mural con escenas que recuerdan la Pasión y muerte de Cristo.
Otra opción de viaje por Hidalgo Acueducto de Tembleque
El acueducto del Padre Tembleque es la obra de ingeniería hidráulica más notable del México virreinal porque, atravesando barrancas y cerros, transportaba el agua desde valles hacia destinos más altos en el altiplano mexicano. La atarjea de este acueducto mide en línea recta 44 kilómetros, desde la falda del cerro de Tecajete, que en realidad es un volcán, donde nace su estructura, hasta el pueblo de Otumba.
Su traza, recorre parte de los áridos municipios de Zempoala en Hidalgo y los de Nopaltepec, Axapusco y Otumba en el estado de México; y de tramo en tramo tiene alcantarillas para el uso de diferentes comarcas en su recorrido.
El acueducto del Padre Tembleque fue construido con roca basáltica, entre 1543 y 1560.
Es ejemplo extraordinario de la arquitectura del virreinato, consta de cinco arquerías. En la primera se cuentan 54 arcos, en la segunda 14, en la tercera uno y en la cuarta 68 arcos.
Por debajo de su arco más alto, de 39.65 metros, podría pasar un navío de guerra con las velas desplegadas y aún la misma nave de la catedral metropolitana. Por su altura, magnitud y elegancia, está considerado de mayor categoría y exuberancia que el acueducto de Segovia en España.
Sígueme en Twitter: @LuluTurismoMx