Para los amantes de pueblear, manejar por carretera y conocer estilos de vida y costumbres de nuestro maravilloso México, esta semana les voy a relatar una travesía, que si bien hoy, por obvias razones, no se puede recorrer en su totalidad, no debe uno dejar de hacer. Se trata de la Ruta del Volcán Popocatépetl, integrada por 11 conventos virreinales en el noreste de Morelos.
Cada una de estas fortalezas de piedra, promovidas por franciscanos, agustinos y dominicos, fueron construidas en su mayoría entre 1524 y 1581. Se ubican en las poblaciones de Cuernavaca, Tepoztlán, Oaxtepec, Tlayacapan, Totolapan, Atlatlahucan, Yecapixtla, Ocuituco, Tetela, Hueyapan y Zacualpan de Amilpas.
Pero, ¿qué tiene de interesante visitar estos templos? La razón es muy simple, desde 1994 son considerados Patrimonio Mundial por la UNESCO. Así que el legado cultural e histórico que resguardan sigilosamente entre sus muros, tiene un invaluable significado. De modo que estaremos pisando lugares religiosos que vieron el inicio de la fe católica en México, hace casi 500 años.
Adentrarnos en estas maravillosas construcciones significa hacer un alto en el presente para transportarnos en el tiempo, pues en el interior de los claustros podemos sentir la tranquilidad que desprenden sus patios, podemos escuchar el correr del agua de las fuentes, podemos respirar ese olor tan particular de iglesia que tanto extraña al olfato y podemos tocar el liso de las paredes, es entonces que el silencio se apodera de nosotros y da paso a la magia del lugar.
Aquí se respira el pasado y se transforman los sentidos. Imaginemos por un momento, cómo era la vida en estos conventos, sin luz eléctrica, cuando había que alumbrar los corredores con velas. Al observar el estilo arquitectónico con el que fueron levantados, podemos identificar una clara fusión de culturas. Denota el estilo europeo de las construcciones: torres de los siglos XVI, espadañas, claustros, almenas, bóvedas de cañón y portal de peregrinos; los rasgos indígenas están presentes en acabados de barro y piedra.
Cuando estas edificaciones se concluían, es decir que contaban con claustro, patio, fuente, pasillos, sala de profundis, dormitorios y cocinas, era que los frailes procedían a habitarlas.
En algunos casos, como el de San Juan Bautista en Tlayacapan, La Natividad en Tepoztlán y Santiago Apóstol en Ocuituco, se pueden observar las pinturas originales, ya restauradas por el INAH, en paredes y pasillos, arte sacro y óleos del siglo XVII. En cuanto a la decoración de bóvedas y muros, Yecapixtla y Atlatlahucan poseen los mejores diseños.
Como complemento a los conventos, la ruta nos ofrece la oportunidad de comprar artesanías, velas aromáticas en Tlayacapan, comer una auténtica cecina de Yecapixtla o llevar pulque de sabores de Tetela del Volcán.
Por todo esto, como siempre, les recomiendo que hagamos turismo en Morelos. Hagamos turismo en México. Hasta la próxima.
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