Leí esto en un artículo que hablaba de las nuevas tendencias en el turismo de reuniones en el mundo. Lo primero que pensé fue “que buena noticia para los incentivos, particularmente”. Y efectivamente es una buena noticia y en especial, para quienes están inmersos en los viajes de incentivo. Tal parece que la situación económica mejora en Norteamérica y eso es bueno para la industria de los eventos y en específico, para los eventos corporativos, como convenciones y viajes de incentivo.

Sin embargo, al mismo tiempo recordé algo fundamental de los viajes de incentivo, que no necesariamente deben ser caros, pero lo que sí deben ser, es una experiencia única, irrepetible e inolvidable. Por lo que invariablemente viene a mi mente la que fue mi primera experiencia con los viajes de incentivo.

Esto sucedió en 1994, cuando yo era ejecutivo de promoción para el sector turístico en Banco del Atlántico. Era el primer trimestre del año y en esa época, recordemos que el ex presidente Salinas nos había hecho creer que ya éramos parte del primer mundo, aunque la realidad la vivimos pocos meses después con el famoso error de diciembre. Sin embargo, en el primer trimestre de ese año, todo era felicidad y abundancia, más aún en la banca mexicana y Banco del Atlántico no era la excepción. Un día nos ofrecieron un premio a quien más dinero colocara a través de créditos en su respectivo sector. El premio era justamente un viaje de incentivo y solo lo iba a ganar una persona por área. En mi departamento éramos alrededor de 25 ejecutivos de diferentes sectores, yo tenía el turístico y otros tenían construcción, vivienda, farmacéutico, etc. Asimismo, este premio era para todas las áreas del banco. Competían más de 1,400 ejecutivos de todo el país, por solo 60 premios, en este caso, un viaje. Los ganadores estaban divididos en tres grupos de 20 y cada grupo viajaría en diferente fecha y a diferente destino en los Estados Unidos.

¿Pero de qué constaba el premio, en este caso el viaje? El viaje estaba compuesto de:

  • - Un VTP a Orlando saliendo a medio día y regresando dos días después.
  • - Dos noches en un Holiday Inn cercano al aeropuerto.
  • - La habitación era compartida con otro premiado del banco, muy probablemente un desconocido de otra área u otra ciudad, pero siempre un empleado del banco, a final de cuentas, un desconocido.
  • - La llegada a Orlando era por la tarde, por lo que no había comida y claro la cena de esa noche era libre… es decir, por cuenta de cada premiado.
  • - Al día siguiente, un delicioso desayuno continental en el hotel.
  • - Después un recorrido por la ciudad, pero sin ir a alguno de los parques de diversiones.
  • - Comida en un restaurante fast food y con menú pre-seleccionado por el banco.
  • - Para después llegar al evento que tenía planeado el banco.
  • - Cena libre.
  • - Y al día siguiente, nuevamente desayuno continental en el hotel y de regreso a México.

¿Cómo les suena esto para un viaje de incentivo? ¿Qué creen que pasó? ¿Ustedes creen que los ejecutivos nos esforzamos por este premio?

Pues contrariamente a lo que están pensando, todos nos esforzamos como nunca para ganar el premio. Y ya se lo que están pensando… ¡seguro lo querían ganar solo por orgullo! ¡Tal vez por viajar a otro país, porque nunca lo habían hecho! La realidad es que todos lo queríamos ganar, porque el viaje era sumamente atractivo y nos parecía un gran incentivo. Supongo que para estas alturas, estimado lector, debe estar un poco confundido con lo expuesto, pero ahora le explico.

Finalmente, al describir el viaje de incentivo que nos ofrecía el banco, solo hablé del empaquetamiento, es decir, de los servicios turísticos indispensables, que como pudieron leer, no eran nada del otro mundo. Lo que no les expliqué, era en qué consistía el evento que nos tenía preparado Banco del Atlántico. Esta actividad consistía, ni más ni menos, que en presenciar en vivo, en el estadio, el segundo juego de México en el Mundial de Futbol de Estados Unidos 94. Este partido fue el que nuestra selección jugó contra Irlanda y por cierto, fue el único que ganó en ese mundial. Recordemos también el entorno futbolístico de ese momento, el mundial 94 marcaba el retorno de México a este certamen, después de haber sido castigado para el mundial de Italia 90, por aquel penoso asunto de los cachirules.

Bajo ese escenario, por supuesto que todos queríamos ir y todos nos esforzamos por colocar créditos. Y ahora ya sé lo que se están preguntando… ¿qué si yo gané?  Pues no, no gané. De mi área ganó un compañero, al que siempre envidié por haber ganado el premio. Pero a pesar de no haber ganado, el caso de mi compañero ganador dejó una interesante enseñanza. Como muchos de ustedes saben, Banco del Atlántico fue comprado hace varios años por banco BITAL, quien a su vez fue absorbido por lo que hoy es HSBC. Quienes trabajamos alguna vez para Banco del Atlántico, lo recordamos como un muy buen banco, era un banco pequeño, pero muy buen banco. Para nuestro colega que ganó el viaje a Orlando, el recuerdo es muy distinto. Cuando él se enteró de que este banco fue vendido, lloró. ¿Cuál es la diferencia de sentimientos? Justamente el viaje de incentivo a Orlando. Mientras que los demás simplemente recordamos a esa institución como un  buen banco, a nuestro colega premiado nunca se le olvidó que ese banco reconoció su trabajo con una experiencia única, irrepetible e inolvidable, por lo que tenía prácticamente “tatuado” el nombre del banco en su corazón. Ese es el efecto de los viajes de incentivo, por una parte reconocer y premiar a los mejores trabajadores y por otra generar fidelidad y amor a la camiseta, por parte de ellos hacia la institución.

Me parece que el ejemplo anteriormente expuesto refleja claramente cual es la esencia de un viaje de incentivo. Un viaje de incentivo no necesariamente tiene que ser un viaje en primera clase, con hoteles Gran Turismo ni restaurantes de súper lujo. Claro que todo eso ayuda, pero siempre he sostenido que la verdadera esencia de un viaje de incentivo, radica en ofrecer a la persona premiada una experiencia única, irrepetible e inolvidable.

No deja de ser una buena noticia lo mencionado en el título del artículo: Luxury is Back. Pero no perdamos de vista que en un país con la riqueza histórica, cultural, gastronómica y de naturaleza que tiene México, las posibilidades de brindar experiencias únicas, irrepetibles e inolvidables son prácticamente infinitas. Ahora que si a eso le agregamos que nuestro principal mercado comienza a manifestar que ya tiene de nuevo recursos, me parece que en unos meses podremos estar frente al mejor de los escenarios, en cuanto a ofrecer nuestros productos turísticos al mercado americano de incentivos… ojala que no desaprovechemos esa oportunidad.

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