Con Redacción de:
BestDay
Tlaxcala es conocida como “La cuna de la Nación” por su importancia y ejemplo a lo largo de la historia de México. En los tiempos prehispánicos fue uno de los pocos estados que se mantuvieron independientes ante el avance del imperio de los
Mexicas. Durante la época colonial fue la primera ciudad de todo el virreinato en ser sede del arzobispado y también desempeñó un papel fundamental en la revolución mexicana. Hoy es el estado de menor extensión en todo el país, pero su riqueza cultural y patrimonial la convierten en un tesoro invaluable del pueblo mexicano.
Este estado se encuentra en el corazón del territorio y si bien no es uno de los sitios más visitados por los turistas, tiene a lo largo y a lo ancho de sus dos valles, cientos de atractivos para descubrir en una aventura que lo lleve directo al corazón de las tradiciones mexicanas. Para aprovecharlo, se recomienda visitar el
Templo de Santa Cruz Tlaxcala, el Retablo dorado de la Santa Cruz, la Capilla del Señor del Coro, el Retablo mayor, la Pila de agua bendita o el Retablo dorado de la Santa Elena. Todas ellas son estructuras con lo más asombroso del arte sacro.
También se pueden encontrar monumentos y edificios históricos que datan del siglo XIX. Y claro que los sitios arqueológicos son también una excursión maravillosa, ya que en las zonas de
Cacaxtla, Xochitécatl y Tizatlán podrá encontrarse con los restos de las civilizaciones
Teotihuacana y Acolhua, constructores de las pirámides circulares y la pirámide de la herradura, obras arquitectónicas de gran avance y realmente sorprendentes.

Pero para completar esta aventura hacia las costumbres más particulares y arraigadas de México que se encuentran en
Tlaxcala, hay que utilizar el sentido del gusto. Pues lo que hace muy famosos a los cocineros de este estado son los
Dulces Tlaxcatecas. Por ello, los restaurantes en
Tlaxcala se especializan en servir los más tradicionales postres, golosinas y antojitos preparados de acuerdo a recetas ancestrales con los ingredientes más exóticos y particulares que crecen en estos fértiles valles.
La cocina aquí se caracteriza por el uso de las especias para condimentar, ya que durante un largo tiempo
Tlaxcala estuvo bloqueada y no recibía provisiones de sal. De la tradición milenaria de las primeras civilizaciones se heredó la particularidad de los dulces y el uso de distintos tipos de insectos dentro de la cocina cotidiana. En el caso de los postres sucedió que algunas recetas ancestrales se adaptaron a los nuevos ingredientes que venían con la cultura española como la miel de caña o la miel de abeja. Este es el caso del requesón con miel de piloncillo, una delicia que sólo puede conocerse si se la prueba. Otros sabores particulares son los muéganos de
Huamantla y Chiautempan, las palaquetas o las alegrías de amaranto, que también son un gran tesoro gastronómico específico de esta región. Las frutas cristalizadas son otros protagonistas de los antojos de adultos y niños, siendo las más solicitadas los higos, duraznos y tejocotes.
El cacao -como bien se sabe- es también un fruto muy común de esa zona. Las culturas originarias preparaban dulces con las semillas mezcladas con miel de hormigas silvestres. Ya una vez llegados los españoles se popularizó su consumo con leche y también se multiplicaron las formas de prepararlo.
También hay bebidas dulces muy especiales, como es el caso del aguamiel utilizada tanto en la preparación del
Verde Tlaxcala; como en la preparación del pulque blanco o sus sabores de fresa, chocolate, mango y plátano, entre otros.
Cada plato es una nueva aventura. Y como otros sabores y sumergirse en la gastronomía es un excelente modo de conocer una cultura, el paso por
Tlaxcala y la apreciación de sus dulces es casi obligado para quien desee vivenciar la región. Además, los habitantes locales son amables y muy pacientes con los turistas al momento de explicar las recetas y sus ingredientes. Saben que es una cocina tradicional que lleva milenios perfeccionándose y que permite que los visitantes conozcan lo que en otras culturas eran verdaderos manjares. ¡Buen provecho!