Todos conocemos el concepto de los tiempos compartidos. Algunos lo hemos usado y existe una diversidad de opiniones o preferencias por esta modalidad de hospedaje y hasta se pudiera decir que de tipo de vacación. Surge en Europa en los años 60 años bajo la modalidad de compartir una propiedad entre varios dueños para abatir costos y lo cual te daba el derecho a utilizarla por un determinado tiempo: digamos una semana, un mes, determinada cantidad de fines de semana al año, etc. Aparece alguien que se le ocurre generar alianzas y establecer redes de propiedades, en donde se diversificaran y ampliaran las opciones para los propietarios. Hoy en día, dependiendo el esquema que adoptes, te puede llegar a dar una cantidad interminable de opciones de destinos. Desarrollé hace poco un proyecto en donde tenía que analizar el tema. Una de mis primeras sorpresas fue la altísima proporción de la oferta hotelera de México que estaba adscrita a esta modalidad de hospedaje. De acuerdo con RCI, empresa líder en la administración de tiempos compartidos a nivel mundial, el 45% del total de los cuartos mexicanos son ofrecidos como tiempos compartidos. En destinos como Puerto Vallarta y Los Cabos llegan a porcentajes del 67%. Algunos de sus críticos, mencionan que el gasto de los turistas de tiempos compartidos es muy bajo, que no realizan consumos en el hotel ya que como las habitaciones cuentan con cocinas, los turistas compran sus alimentos en mercados y por lo tanto su derrama es mínima. Pero por otro lado, para los hoteleros se ha convertido en un mecanismo para garantizar cierto nivel de ocupación a lo largo del año, y a suavizar aquellas temporadas bajas, es decir desestacionalizar la demanda y por lo tanto evitar despidos de personal que solo serían contratados en temporadas altas. Otros mencionan que, como en el caso de los huracanes y desastres naturales, los primeros en volver y a demostrar lealtad y repetición al destino, son este tipo de turistas. También se menciona la bondad de que el dueño del tiempo compartido atrae a familiares y amigos que probablemente no visitarían el destino si no fuera por esta invitación. Después de todo ya pagaron por sus vacaciones, por lo que no hay motivo para no hacerlas efectivas. Lo que desafortunadamente si ocurre y parece que es un consenso entre todos los involucrados en el turismo, es la crítica a los mecanismos de venta de los promotores. Al llegar a destinos como Vallarta, Los Cabos o Cancún, nos sentimos amenazados por los vendedores y las técnicas que utilizan al ofrecer comidas, paseos y demás servicios gratis a cambio de asistir a una plática. Inclusive hay destinos como Manzanillo que han implementado reglamentos para la venta y comercialización de este tipo de desarrollos. En Cancún lograron acotar el espacio en donde los vendedores pueden ofrecer en el aeropuerto, sin embargo, operadores internacionales se quejan inclusive de que los vendedores engañan a los turistas disfrazándose de operadores receptivos para hacer que se suban a sus transportes y llevarlos a estas pláticas. El tiempo compartido, al igual que el All Inclusive (que trataremos en otro artículo), es una respuesta al mercado. Si el turista no lo demandaría, probablemente no existiría, pero es un mecanismo que ha servido para ofrecer el destino turístico, y al igual que los hoteleros, captar ciertos segmentos de turistas y mantener un ocupación. Su existencia, facilita la llegada de turistas y mantiene ocupaciones tanto en los hoteles como en los aviones. Pudiera ser inclusive que si determinados destinos no lo ofrecieran, no llegarían los turistas. Más allá de la preferencia que todos pudiéramos tener por este tipo de vacación, es un fenómeno social digno se seguir siendo analizado.

Por: Arik Staropolsky

STA Consultores S.C. – Director General Staconsultores.com arik@staconsultores.com Tiempos compartidos