Este 26 de agosto Rufino Tamayo cumpliría 113 años. Ese día reabre al el museo que lleva su nombre, tras un año de trabajos de remodelación y ampliación, con una exposición retrospectiva del pintor conformada por 47 obras, de las cuales seis nunca se han exhibido en el país, además de la última pieza que realizó.
La muestra ofrece una mirada a la evolución pictórica de Tamayo desde la década de 1920 y hasta 1990, cuando terminó El muchacho del violón, y describe el bagaje estético del pintor para reinterpretar y dialogar con las vanguardias y la historia del, asegura el curador Juan Carlos Pereda.
Esta retrospectiva que se exhibirá en la sala 1 titulada Tamayo/Trayectos, añade Juan Carlos Pereda, está dividida en siete núcleos, de los cuales cinco pertenecen al concepto de historia del arte, y dos al indigenismo y al surrealismo. “Abarca el de 1920 a 1990 y muestra cómo Tamayo abordaba un mismo y al mismo construía un discurso diferente. Es conocer su evolución mediante sus estéticos e identificaciones con algunas vanguardias”.