Por años he asistido a eventos presididos por Secretarios o Gobernadores y en algunas ocasiones por el Presidente de México. Hay un punto que más que llamarme la atención, la verdad es que me enferma por lo tedioso que es, la pérdida de tiempo que representa, lo pasado de moda y particularmente lo inútil que resulta; me refiero al protocolo político. Ya se lo que muchos están pensando en este momento y es que el protocolo es no solo muy útil sino indispensable… si, por supuesto, pero cuando se lleva a cabo de manera correcta ya que en los eventos políticos, nuestro protocolo puede llegar a grados ridículos. ¿no me creen? Pues ahí les van algunos ejemplos.
Mi primera pregunta es ¿Conocen a un político puntual? Yo no recuerdo más que un solo evento, hace cerca de 12 años, en el cual el gobernador de ese estado empezó puntualmente a la hora mencionada. En la inmensa mayoría de los eventos, los políticos siempre, pero SIEMPRE empiezan tarde. La razón de ello es que quieren que esté presente mucha gente antes de comenzar su participación. Es decir, necesitan que haya muchas huestes ya que de lo contrario el político no nos dignará con su presencia. Con base a ello, hasta que no se reúna un número suficiente de asistentes, huestes, interesados o acarreados… o todos ellos juntos, nuestro “rock star” de la política no saldrá al escenario.
Y ¿Qué tal cuando sale? ¡Particularmente cuando se trata de un gobernador! Comienza el paseíllo saludando a todo mundo… como aquellos a quienes no conoce y que ni le interesa conocer. Y mientras ese glorioso recorrido de semi dios se lleva a cabo, casi siempre va acompañado por las tradicionales cancioncitas que cada sexenio le componen a los políticos y en donde siempre se dicen las mismas frases trilladas como “el gobierno que trabaja” “Codo a codo con la gente”, “un gobernador sensible y humano”, “paso a paso reconstruiremos el estado” o la clásica como dijera Timbiriche: “tu y yo somos uno mismo” y muchas otras más. Claro, todas ellas a ritmo de pop para estar a la moda. Cada vez que escucho las cancioncitas de los “Gobers”, no sé si reír o llorar.
Pero bueno, finalmente nuestro “rock star” llega al escenario y todos los patiños ocupan sus lugares. Entonces se escucha la voz de un locutor como de los años 80’s, quien presenta a todos los miembros del presidium y quien sube el tono cuando le toca presentar al gobernador como queriendo arrancar el aplauso espontáneo de los asistentes.
Luego viene la parte más sui géneris de todas. Cuando cada orador saluda a cada uno de los miembros del presidium. Si por ejemplo tenemos nueve en el presidium y cinco oradores…adivinó, cada uno de los oradores al momento de iniciar su discurso comenzará con: “señor don fulano de tal, gobernador constitucional del estado de…” y así seguirá saludando a cada uno de los nueve mencionando su nombre y su puesto. ¡Caray que educados, cuanto se saludan! Entonces si son nueve los saludados y cinco los oradores, escucharemos alrededor de 45 saludos entre todos los discursos.
Peor aún me parece cuando uno de los oradores viene en representación de algún político de mayor rango y comienza su discurso con algo así: “En representación de mi jefe (sea cual sea su puesto), quien no pudo venir pero que me pidió que les enviara un afectuoso saludo” ¿de verdad el político que no se interesó en venir al evento y que mandó a un segundón, se preocupó por nosotros y nos mandó saludar?
A todo eso hay que sumarle el séquito de guaruras y perritos falderos (asistentes) con el que cada uno de ellos se presenta a los eventos. Puedo entender el tema de la seguridad pero creo que hay formas más profesionales, discretas y tal vez hasta más seguras que el hecho de presentarse con un ejército de gorilas prepotentes.
No cabe duda, los mexicanos somos muy particulares en muchas cosas pero en el tema del protocolo político estamos hablando de algo que se ha convertido en un auténtico circo. He escuchado a algunos amigos extranjeros decir que somos “muy barrocos” en este tema. ¿qué hacemos con el protocolo? Me parece que urge cambiarlo y ustedes ¿qué opinan?
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