En una primera visita, San Miguel de Allende sorprende con sus fachadas de colores y callejuelas empedradas, donde el tiempo transcurre despacito. Entre un montón de galerías se mira lo mismo a jóvenes artistas vendiendo sus cuadros en algún mercado ambulante, que a los llamados baby boomers comprando antigüedades o a las afueras del teatro Ángela Peralta, donde se concentran un sinfín de eventos.
La gran oferta cultural de esta ciudad colonial, aunada a la tranquilidad que aquí se vive, son algunas de las razones que han hecho de este destino uno de los consentidos entre los baby boomers.
Un día entero no basta para recorrer todas las galerías, así que hay que elegir sólo algunas para no perderse los demás atractivos turísticos, como El Chorro, que es el sitio donde se fundó San Miguel de Allende. Actualmente es posible ver los lavaderos públicos que aún, por la mañana, siguen utilizando los locales.
Fuente: Excelsior