Adelor, que todo lo tomaba a broma, pensó en aquel tiempo que a Manolita, como buena hija de tabasqueño, el berrinche se le pasaría y que tendría que recapacitar: al fin de cuentas Rodrigo era un caballero que siempre estaba enamorado de su mujer.

En pocos días Rodrigo dejó lo que tenía que hacer en la Ciudad de México y se lanzó al rescate, por su mujer ¡que solamente había llegado a Mazatlán! A su llegada a Sinaloa fue recibido con una perorata que dejo perplejo al hombre – “voes, buuru, tekoe, wiikit, jomneela, vaachoko, yiiwa, chao, bichi, joveso, vaa’am, kova, tu’i, waakas; eso es lo que eres”.

Rodrigo, que era tolerante, sólo sonrío y, en el acto, abrazo a su locuaz esposa. ¡Manolita querida!, espetó el enamorado esposo, ¿Dónde has aprendido esa cantidad de palabras que no entiendo? ¿A quién conociste en este viaje que te ha legado tan incomprensible léxico?

Sin mayores preámbulos la mujer corrió a la cocina del modesto hotel donde se había hospedado. Eufórica, con esa alma de niña, que conservaba aún a sus ochenta años, casi gritando dijo- mira Rodrigo, nuestro gran amigo el que nos ha ayudado en todo desde que la charchina nos dejó tiradas a las afueras de este singular pueblito, nos ha dado de comer como nunca, y lo mejor: nos ha permitido aprender unas recetas que creo nos serán de utilidad. Te presento al famoso doctor Osuna, propietario de los Laureanos.

Codornices asadas al carbón, lengua en salsa roja, barbacoa de res, machaca a la mexicana, frijoles puercos, carne asada, salsa molcajeteada, guacamole, pozole y menudo sinaloense y desde luego hemos aprendido bien la receta del chilorio.

Aquí el doctor tiene de todo en este pueblo, bueno, hasta un pequeño rastro comunal, así es que para hacerlo, pedimos la espaldilla de cerdo en trozos medianos, agua hervida o clorada, chiles pasilla sin semilla y limpios, dientes de ajos chicos sin cáscara, manteca de cerdo, orégano seco, pimienta negra entera, cominos enteros, vinagre blanco y sal.

Mira Rodrigo para hacer el famoso chilorio se requiere mucho amor y paciencia, como toda la comida mexicana, hay que tomarse su tiempo, estar tranquilo y de buen humor, y ya sabes si los chamacos no dejan trabajar hay que mandarlos a conseguir hierbitas de té de “tenmeacá”, como el que preparaba mi Nana.

Pero lo que más nos ha gustado es la salsa con la que bañan las codornices, es un platillo riquísimo y te lo hemos preparado, es una mezcla de especias que se cocinan con jugo de cítricos como naranja y limón y se salpimenta, después de dejar reposar las codornices con la mezcla bien sazonadita, se pone en la parrilla de carbón y en unos veinte minutos ya está.

Mientras Manola le servía de comer al cansado marido, el doctor que era un estupendo conversador y un amante de sus tradiciones, invitó al recién llegado a degustar una tortilla recién salida del comal con un poco de requesón de la casa….

Manolita Recomienda.- Un recorrido por la Ciudad de México le permitirá al viajero descubrir los palacios del ombligo de la luna (México Tenochtitlán). Arranque por la calle de 20 de noviembre; de frente la Plaza de la Constitución centro de la capital de la República donde se resume la arquitectura y la historia del país. Delante de nosotros: monumental, compendio de tres estilos arquitectónicos, renacentista, barroco y neoclásico, yace la catedral de México junto el Sagrario Metropolitano, que es la construcción adosada a la derecha de la catedral y representa el apogeo del barroco. Visite el Palacio Nacional, le tomará aproximadamente 25 minutos la visita y el horario para recorrerlo es de 9.00 a 17 hrs. diariamente. En el interior encontrará la obra pictórica de Diego Rivera, quien describe los momentos más destacados de la historia patria. En la calle de Palma usted podrá encontrar uno de los restaurantes más emblemáticos del país, El Cardenal, para disfrutar de natas, chocolate, pan recién horneado y una amplia carta de platillos mexicanos.