Ya sabe paisano, cómo son esas cosas, todo mundo se acerca a los deudos dándoles el pésame y diciendo las frases falsas - “Ya sabe, lo que se ofrezca”, “Estaremos al pendiente”, “Sus hijos tendrán becas hasta que terminen de estudiar”, “La pensión le llegará puntualmente”, “Cuente nosotros para todo lo que se ofrezca”- la verdad es que la pobre tía Enriqueta tuvo que soportar de todo, desde que le cortaran la pensión, hasta que nadie le tomara las llamadas, en fin que la pobre mujer cada vez estaba más demacrada. A los pocos meses de toda esta historia las cosas no marchaban del todo bien, la carga era demasiada para aquella alma bondadosa y como si fuera poco, ya sabe, paisano, los hijos adolescentes son insoportables y el mayor de ellos le hacía ver su suerte. Un día tras luchar para que al hijo mediano le dieran una beca económica y de reinscribirlo en la famosa escuela Benito Juárez, la mejor de la época, la tía parecía que por fin tendría un respiro. Recibió a los tres hijos que regresaban de la escuela, les pidió como siempre que se asearan antes de sentarse a la mesa y les sirvió de comer un rico mole de olla con espinazo y chamberete, ejotes, elote, arroz a la mexicana y unos niditos de masa rellenos de queso, recordó a los vástagos que aquel era el platillo favorito de su padre, se sentó a comer con ellos, y, sin más ni más, se quedó contemplado una foto de su hombre. Los niños desesperados la movieron, le hablaron, la abrazaron, le pasaban la mano por los ojos, y nada, su madre se había quedado viendo a lontananza; la tía Enriqueta jamás regresó de aquel viaje, se desconectó del mundo y, de vez en vez, cuando la iban a visitar a la casa de reposo de Cuautla, derramaba una lágrima. -Mi madre, prosiguió Manuelita, a quien usted conoció querido paisano, decía que la tía era un ejemplo viviente de lo que es morir de amor, claro que todos sabemos que la tía no sufrió de una locura esquizofrénica, pero la verdad, es que se deschavetó y no quiso saber más de este mundo. -Y no´mbre paisano, usted sabe muy bien lo temperamental que soy y lo mucho que batallo para controlarme y, no se crea, muchas veces pensé que mis berrinches, angustias y tristezas me provocarían una locura permanente, aunque no estoy exenta de enloquecer, mire ya son las once de la mañana y estamos aquí sentados como si no tuviéramos que terminar todo para mi fiesta, así es que a darle paisano, ¿Pa´que llego temprano? Ahora se pone ayudar, al fin que aquí siempre hay muchas cosas que hacer…… Manolita Recomienda: Un imprescindible gastronómico en la Ciudad de México es el Restaurante el Cardenal, mismo que fue fundado 1969 en el edificio que albergó a la Real y Pontificia Universidad de América, ubicado en la esquina que forman las calles de Moneda y seminario. Sus fundadores fueron la señora Oliva Garizurieta y el señor Jesús Briz, quienes heredaron a sus hijos el amor por la gastronomía mexicana y la excelencia en el servicio. Hoy la ciudad cuenta con cuatro sucursales, dos ubicadas en el centro histórico en la calle de Palma, y otra en avenida Juárez, en los bajos del hotel Hilton Reforma; el de la calle de Palmas en las Lomas y a partir del 22 de octubre el de avenida de la Paz, en San Ángel, en el edificio que hace algunos años ocupaba el restaurante Tasca Manolo. Sirvan estas cuantas líneas para hacer un reconocimiento a la familia Biriz por su labor en la difusión y conservación de las recetas de la culinaria mexicana y por su amor a México. Cabe señalar, que todos los platillos que se ofrecen en la carta son muy recomendables, sin embargo si usted va a desayunar no deje de probar las natas con pan, el chocolate, los huevos a la cazuela o una guajolota. En la comida unos tacos de pescado con escámoles, una sopa de fideo, fideo seco con chipotle, pescado a la talla, el queso tapado, el pecho de ternera o pechuga rellena de queso de cabra con coloradito y de postre un pastel de chocolate o bien las tradicionales nieves de zapote, de guanábana o de ciruela amarilla. Mención especial merece el pan y las tortillas que se sirve