Tras dos semanas de “vacaciones” y fiestas decembrinas reiniciaremos la colaboración de “Manolita: Historias de Sabor” dando, antes que nada, un agradecimiento a todos nuestros amables lectores, con quienes esperamos compartir, a lo largo del presente año, historias de sabor con origen en las maravillosas cocinas mexicanas, en las que compartimos vivencias cotidianas y muchas verdades de la sabiduría popular.
… El maridaje de esta excelencia lo haremos con un buen platillo mexicano. El mayor porcentaje en este ensamble lo tiene la uva nebbiolo, de origen Italiano, aseveró el Veloz, que por cierto es una uva que se ha reproducido muy bien en tierras mexicanas, en especial en el Valle de Guadalupe, donde se encuentra la bodega Xecué.
Así es que según mi paladar -agregó- este vino lo podremos maridar con las quesadillas de huitlacoche, o de flor de calabaza; o bien con una langosta estilo Puerto Nuevo. Como aquellas que hacía doña Gertrudis ¿Te acuerdas Rodrigo?
Cómo olvidar a aquella mujer siempre alegre, que conocimos antes de llegar a Ensenada y que nos explicó que en aquel pueblo sólo había una cantina recomendable. Vaya sorpresa que nos llevamos, fue como entrar a la época de Billy the Kid.
Aquel olor siempre lo recordaré, al igual que el chillido de la langosta al ser sumergida en agua hirviente para cocerse, después de ese martirio auditivo, la mujer sumergió al crustáceo en la manteca hirviendo. Elaboró una salsa con chiles pico de pájaro, ajo, Sal y jitomates asados y molidos, acompañado de frijoles refritos en manteca, arroz rojo y desde luego tortillas de harina.
Tío, interrumpió Rodrigo, la sugerencia no podría ser mejor para este vino… en tanto, la campana de la puerta no dejaba de tocar. Era doña Rosalba, una vieja amiga de Manolita que parecía tener el don de hacer rendir la comida para todo un batallón, según decía Adelor, en tono de guasa, cada que la veía llegar…
Manolita Recomienda: Seco, pero cálido a la vez, Baja California, es uno de los estados de la República Mexicana más turísticos de la frontera norte. Conjuga escenarios de playa, como en Rosarito, Ensenada y la carretera escénica que los une, además de ser la tierra ideal para viñedos, en el Valle de Guadalupe, que se nutren de la brisa marina que les viene del mar. Posee en Tijuana un punto de cruce atractivo para la diversión y es también puerta de entrada para los yatistas que vienen del norte al Mar de Cortés. Su ruta rural es también una de las experiencias de convivencia con la naturaleza más excepcionales del país. Su hotelería es de todas las categorías y su comida es la combinación exacta de especies marinas y carnes rojas.