Doña Raquel continúo contándoles: Mi madre en un solo día perdió a tres niños, una historia de tragedia, la recuerdo y me estremezco ¡pobre de mi madre! Qué sufrimiento. Claro, además, esas cosas pasaban en los pueblos, lejos, sin luz en la finca, donde había muchas limitaciones. Recuerdo que era una noche lluviosa y las criadas desatendieron un rato a Juan y a Mariana, quienes jugaban en el granero, estaban preparando un atole para mi madre para que le bajara más leche y poder alimentar mejor al pequeño que tenía tan solo 20 días de nacido, de pronto se escuchó un escopetazo y un grito.
Juanito, jugando tomó la escopeta y le apunto a Mariana, desde luego se le fue el tiro y empezó la tragedia, las criadas corrieron a avisar, señora, señora una desgracia. Juan mato a su hermanita en el granero, mi madre del susto se paró de prisa, y tiró al recién nacido, quien falleció de inmediato; mientras tanto, Juanito escondido en las ruedas de la carreta, no se movía. Mi madre salió corriendo subió a la carreta para buscar a un doctor y sin darse cuenta se llevó entre las ruedas a Juan, las desgracias no vienen solas, pero tampoco las gracias.
El trago difícil parecía haber pasado para Rodrigo y Manola. Ahora a hacer ahorros e iniciar con los preparativos. “En un año será la boda” -dijo para sí Rodrigo.
La octogenaria regreso de golpe a su presente; mientras tanto los sirvientes corrían de un lado a otro limpiando la casa, colocando flores por doquier, rosas blancas, amarillas, alcatraces, girasoles, nardos y gladiolos. La vieja casona de San Ángel esperaba a los músicos, primero llegaría una banda con la tradicional calenda oaxaqueña para festejar los primeros ochenta años de Manolita; a continuación haría lo propio un grupo de soneros, a los que se le encomendó abrir el baile con el popular Chuchumbe; más tarde y durante la comida habría una marimba y cómo si fuera poco don Rodrigo contrató mariachi para rematar el festín- No es fácil cumplir ochenta años, y mucho menos pasar la mayor parte de la vida con la misma mujer- tan sólo han pasado sesenta años, recordó el anciano, que alegremente decía: ¡Sesenta años!… Y sigue la yunta andando.
Las alegrías y las tristezas, pensaba Manolita, quien había heredado la casona de la familia hacía ya muchos años. Mi boda, suspiró, mi vestido de seda bordado a mano y el banquete que se preparó, la Nana y mi Chacha hicieron milagros.
Rodrigo no tenía mucho dinero y mi madre sólo podía ajustarse a un pequeño presupuesto destinado a bodas, porque como ella decía pagar tres fiestas de boda resultaba difícil, ni un hombre le había tocado criar, puras viejas, era su destino, su marido pronto se marchó, y la dejó a cargo de todo, hasta de las bodas de las hijas, pero cuando Manolita se casó Doña Raquel descansó, era la última gran fiesta que ella financiaba.
En este mismo patio donde hoy festejo mis primeros ochenta, explicó Manolita, bailé con Rodrigo el vals de bodas. ¡Qué comilona armó mi Chacha! parecía que aquella vieja tenía la habilidad de hacer abundantes platillos con un presupuesto bajo.
Recuerdo bien como le dijo a mi madre: “Haré un mole de novia para la niña Manuelita y el niño Rodrigo”. Todos nos sorprendimos un poco porque no sabíamos de aquel mole, fue todo un éxito; siempre creí que mi Chacha lo había inventado, con el tiempo fui descubriendo que era una receta popular: chiles güeros, ajos, cebolla, poro, pulque, jerez blanco, jugo de chile chipotle adobado, caldo de pollo, anís, hojas de aguacate, ajonjolí, almendra, piñón y chocolate blanco.
Aquel platillo se veía espectacular, el pollo previamente horneado con hojas de aguacate, para después adornarlo con coco rallado, piñones tostados, uvas verdes peladas e higos frescos.
Manolita Recomienda: Un recorrido por Tepoztlán Morelos, le permitirá conocer el Ex Convento de la Natividad, edificado por frailes Dominicos, en el siglo XVI. La mejor vista del lugar la puede tener desde Posada del Tepozteco, donde además se encuentra el restaurante el Sibarita, donde se sirve comida típica del lugar como: itacates (gorditas de maíz con manteca bañados con salsa, crema y queso), chilaquiles, chiles rellenos, cecina de yecapixtal, tamales, café de olla, mole rojo y mole de pepita entre otros platillos. Partiendo de la Ciudad de México usted estará en este Pueblo Mágico en una hora quince minutos. ¡Buen Viaje!