-Hoy cumplo ochenta años niñas, así es que debe quedar el banquete como nos gusta. Del otro lado, en el extremo norte del patio, coloquen las bebidas, ya saben, para degustar lo mexicano, el mezcal y el tequila; y para la comida serviremos vinos tinto, blanco y rosado, son aquellas cajas que nos regalaron los productores del Valle de Guadalupe y de Querétaro ¡Quién se iba a imaginar que el vino mexicano fuera tan bueno!. Suspiró y con una copa en la mano, Manolita voló a otra época.
A mi padre, se dijo a sí misma, la muerte le llegó tan joven, ¿Quién lo iba a pensar? Sus 40 años los festejo en grande, le llevamos mariachi y por supuesto no falto el Cielo rojo, ni la Pelea de gallos, ¡Qué buen curado de guayaba y jitomate se sirvió en aquella tarde! El tequila era de una marca que ya ni existe, “Don Eucario”, del que tomaba Pedro Infante, cómo olvidarlo.
La Nana y las muchachas se habían esmerado en la cocina; para el festejo se mandó a hacer un horno para cocer barbacoa, por eso, la fiesta en realidad empezó por la noche, cuando se quemaron las pencas de maguey que cubrieron el horno; en una cazuela agregaron garbanzos, zanahorias, laurel, ajo, tomates, sal, pimienta, cebollas, chiles y hojas de aguacate; mataron cuatro corderos, lo cual quería decir que la fiesta sería a lo grande.
Junto al horno se quedaron tres empleados de guardia, quienes cantaron hasta la madrugada. Muy de mañana, como Dios manda, tomaron de nueva cuenta las guitarras para entonar las tradicionales mañanitas, así daban inicio de manera formal los festejos dedicados al patrón. Ya para ese momento los atoles de frutas, el champurrado y los tamales de rajas, verdes, de mole y de dulce con piña y nuez, se repartían entre los empleados y los niños, que tan pronto sintieron movimiento en la casa se levantaron de sus camas para acompañar la improvisada serenata.
¡Qué años aquellos!, se repitió doña Manolita. En 1931, año de su nacimiento, gobernaba Pascual Ortiz Rubio, a quien le decían “El Nopalito” ya que el ex presidente Calles lo mangoneaba a su antojo, que ”El Nopalito”, ja, ja, ja, -se rió sonoramente al dar un trago al pulque que acababan de llevarle- ¡Qué culpa tiene el nopal de ser baboso? -Siguió riendo.
México era un país rural y los campesinos que participaron en la Revolución de 1910 habían regresado a sus tierras, así es que, poco a poco la hambruna que destrozó al país quedaba atrás, y los campos nuevamente estaban sembrados.
Afortunadamente para todos en 1939 gobernaba el General Lázaro Cárdenas y el petróleo era de los mexicanos, lo cual motivaba a todos a continuar trabajando por el bien del país.
¿Y cómo no festejar a don Nachito? Él se merecía, según decía mi Chacha, todas las atenciones. Era tan bueno y trataba a todos por igual, “¡Qué don Nachito!”, le decía la Nana cuando las hacía reír. Cómo no festejarlo si era tan generoso con todos los trabajadores; con sus hijos era tan bueno, que hasta había logrado convencer a la Chacha de que no era una esclava y que pertenecía a la familia.
Sí, esclava, ¿Cómo olvidar? La historia era conmovedora. Y es que doña Raquel y sus hermanas, recibieron un regalo de unos pacientes del doctorcito Manlio -a quien no sabían cómo agradecer por sus buenos oficios como galeno-, nada más ni nada menos le había salvado la vida al hijo mayor. Las beneficiadas del regalo resultaron las hijas del doctor, les llevaron ¡dos gansos y dos niñas! ¿Qué mejor regalo para una familia de tan buena posición social? Cómo olvidar la historia que toda la familia aún contaba con sorpresa después de la muerte de la Chacha; a quien siempre consideraron un regalo de la vida.
En el patio las mesas estaban listas, la cantina improvisada y los dos puestos de quesadillas lucían esplendidos. Manolita recorrió cada uno de los rincones del patio con la mirada fuerte y determinante, y es que en cada uno de los sitios que pisara en la vieja casona, se desbordan los recuerdos. Son muchos los que se han ido, pensó, y muchos los que han llegado a mi vida, pero el amor siempre estuvo.
-Niña, mi niña, -gritaba la nana por el pasillo que llevaba al patio-, ahí está, ahí está!
-¿Quién, mujer? Habla y tranquilízate.
-Pues el joven, el de los ojos zarcos
-Pues déjalo pasar.
-No, mi niña ¿Y si me regaña la señora? Jajajajaja se rió Manolita al recordar.
-Pues déjalo pasar, ya dios dirá.
Manolita Recomienda: Julio, Agosto y Septiembre son los meses de la vendimia en los diversos viñedos mexicanos; la primera se efectúa en Ezequiel A Montes, Querétaro. A 13 kilómetros de Tequisquiapan y de Bernal respectivamente. En bodega La Redonda, se pueden recorrer los viñedos y la vinícola y participar en el tradicional pisado de la uva.