Adelor era el menor y el encargado de ir al mercado, por eso había aprendido tantas recetas, decía que para hacer un buen puchero se necesitaban 4 kilos de carne, si no, no salía bueno, porque así lo hacia su madre, así es que cuando se decidía a compartir el famoso puchero invitaba a su casa, cuando menos, a 15 personas.
Entre broma y broma el hombre, siempre irónico, hablaba de la fortuna de haber nacido en Tabasco, porque su tierra le dio la oportunidad de ser condiscípulo de Marat y de Rosseau e incluso de Robespierre. Entre risas contaba que, en la escuela primaria donde estudió, casi se genera un conflicto internacional gracias al pleito que desencadenaron Roosevelt y Stalin, dos mocosos que peleaban por un pedazo de tamal de pejelagarto, que para colmo, no era de la receta original.
El tamal de pejelagarto no es cosa sencilla de hacer, explicaba con serenidad, primero hay que ir al mercado y escoger un buen ejemplar; “mi madre decía que el animal casi te tiene que decir que lo compres, que se le tiene que ver que es fresco y carnoso y que se puede asar de muy buena manera”.
“Para hacer los tamales, que a mi madre le salían exquisitos, el pejelagarto se tiene que asar a las brasas cuidadosamente, sin que se queme. Una vez asado se procede a desmenuzarlo y a quitarle las espinas. Se acitrona la cebolla picada en manteca; después se le agrega tomate, el pejelagarto desmenuzado, chile güero picado y epazote. Hay que poner sal al gusto y dejar resecar.
Preparar por separado la pasta para los tamales: batir la masa de maíz con agua y manteca hasta lograr consistencia de atole; poner en el fuego y revolver, dejar hervir. Colocar en las hojas de plátano una cucharada de masa, guiso de pejelagarto y envolverlas. Después de una o dos horas los tamales están listos para comerse”.
El paisano era un recetario ambulante, se acordaba de las recetas que su madre le había enseñado cuando era un niño y con gusto las compartía con Manolita y, de paso, le servía de pretexto para recordar sus orígenes tabasqueños.
Adelor que era alegre y célebre como buen tabasqueño, contaba historias de su tierra con orgullo. Una de las más simpáticas tenía que ver con un viaje que emprendieron sus tíos a España. En aquel entonces, explicaba, los estados de la República Mexicana, estaban facultados para expedir pasaportes, en la portada, es decir la carátula, decía en letras grandes, por ejemplo, “Tabasco” y al calce con letras más pequeñas decía “México”.
Los tíos viajaron con gran ilusión a Europa, pero en cuanto llegaron, empezaron a recibir sorpresas; al presentar sus pasaportes ante el oficial de migración los detuvieron por no reconocer el nombre de aquel país, Tabasco; el oficial, inquieto, preguntó a los visitantes en qué lugar se encontraba ese extraño país al que nunca había escuchado nombrar, entonces otro oficial de migración salto sorprendido y le dijo a su compañero: “No seas bruto, Tabasco es un país muy famoso, hombre, de ahí es la salsa, ¡ala! déjalos pasar que ese país es muy bien venido a España”.
Los tíos sorprendidos de lo sucedido tomaron sus pasaportes y salieron a toda prisa para poder reírse sin ofender a nadie.
Manolita Recomienda: El Estado de Hidalgo cuenta con tres Pueblos Mágicos, Huasca de Ocapo nombrado en el 2001; Real del Monte en el 2004 y este año Mineral del Chico; estos tres destinos pertenecen al Corredor de la Montaña; en esta zona se encuentran importantes haciendas mineras, que fueron propiedad del legendario Conde de Regla (Pedro Romero de Terreros). Los tres destinos, nos ofrecen una experiencia de viaje en la que se conjuga la historia, la aventura, la naturaleza y la gastronomía. En Real del Monte le recomendiendo visitar el Panteón Inglés, el museo del sitio la Mina de Acosta, el viejo hospital de los mineros y la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. En cuanto a la gastronomía no olvide que de esta región son los famosos pastes, los más tradicionales son los de carne, poro y papa y los de frijoles negros, el lugar idela para degustarlos es Pastes Tejeda.