Constantemente vemos en nuestro país las estrategias de desarrollo y de marketing que llevan a cabo los destinos turísticos. Estas estrategias tienen siempre una gran limitante que es la geografía política que marca hasta donde llegan las responsabilidades del municipio, del estado o de la misma federación. Esta situación es muy entendible desde el punto de vista de los funcionarios públicos, sin embargo, choca directamente contra los intereses del turista.
¿A qué me refiero? A que el turista no viaja ni a municipios ni a estados, viaja a destinos turísticos o regiones turísticas. Al turista le importa muy poco si está en el estado de Jalisco o Nayarit, el viaja a Vallarta más allá de cómo se llame el destino de un lado y del otro. El turista que va a Palenque, llega por Villahermosa porque es el aeropuerto más cercano y no le interesa que ese aeropuerto esté en el estado de Tabasco y no en el de Chiapas. Muchos visitantes que van a Cancún, complementan su viaje con una visita a Chichen Itza, sin importarles que cruzaron una frontera estatal y que llegaron al estado de Yucatán. Otros van a Torreón y no por ello dejan de visitar el Puente de Hojuela en Durango.
Para ser más claros, los turistas no vienen a Quintana Roo, viajan a Cancún. Tampoco viajan a Jalisco, lo hacen a Guadalajara o a Vallarta. Nadie viaja a Coahuila, viaja a Saltillo o Torreón y nadie va a Nuevo León sino que va a Monterrey. Asimismo, a ningún turista le preocupa en que municipio está Cuernavaca o Tequesquitengo o si Guadalajara abarca 4 municipios. Para el turista, esta información es irrelevante.
Puede ser que para los mexicanos que están familiarizados con sus estados, no sea tanto problema. Pero para convencerlos, solo piénsenlo al revés. Nadie va a la provincia (en Europa las provincias equivalen a lo que en México conocemos como estados de la República) de Isla de Francia, sino a Paris. Nadie habla de ir a la provincia de Ontario, sino a Toronto o a Ottawa. Nadie va a la provincia de Hesse, sino a Frankfurt y nadie piensa en el estado de Massachusetts, sino en Boston. La lógica del turista es totalmente diferente a la de la función pública.
Pero es justamente bajo la lógica del turista como deben pensar los promotores turísticos de gobierno. Si bien es cierto que por normatividad tienen límites geográficos, también es cierto que ellos no pueden cambiar el comportamiento del turista por lo que deberán tener la astucia y sabiduría para poder combinar las necesidades de los turistas con sus limitantes burocráticas. El hacer eso requiere justamente de lo que ellos se supone son especialistas: tener oficio político. Siendo así, que lo apliquen y a promover los destinos turísticos como se debe y no como diga el manual del burócrata. La geografía política y el turismo
Constantemente vemos en nuestro país las estrategias de desarrollo y de marketing que llevan a cabo los destinos turísticos. Estas estrategias tienen siempre una gran limitante que es la geografía política que marca hasta donde llegan las responsabilidades del municipio, del estado o de la misma federación. Esta situación es muy entendible desde el punto de vista de los funcionarios públicos, sin embargo, choca directamente contra los intereses del turista.
¿A qué me refiero? A que el turista no viaja ni a municipios ni a estados, viaja a destinos turísticos o regiones turísticas. Al turista le importa muy poco si está en el estado de Jalisco o Nayarit, el viaja a Vallarta más allá de cómo se llame el destino de un lado y del otro. El turista que va a Palenque, llega por Villahermosa porque es el aeropuerto más cercano y no le interesa que ese aeropuerto esté en el estado de Tabasco y no en el de Chiapas. Muchos visitantes que van a Cancún, complementan su viaje con una visita a Chichen Itza, sin importarles que cruzaron una frontera estatal y que llegaron al estado de Yucatán. Otros van a Torreón y no por ello dejan de visitar el Puente de Hojuela en Durango.
Para ser más claros, los turistas no vienen a Quintana Roo, viajan a Cancún. Tampoco viajan a Jalisco, lo hacen a Guadalajara o a Vallarta. Nadie viaja a Coahuila, viaja a Saltillo o Torreón y nadie va a Nuevo León sino que va a Monterrey. Asimismo, a ningún turista le preocupa en que municipio está Cuernavaca o Tequesquitengo o si Guadalajara abarca 4 municipios. Para el turista, esta información es irrelevante.
Puede ser que para los mexicanos que están familiarizados con sus estados, no sea tanto problema. Pero para convencerlos, solo piénsenlo al revés. Nadie va a la provincia (en Europa las provincias equivalen a lo que en México conocemos como estados de la República) de Isla de Francia, sino a Paris. Nadie habla de ir a la provincia de Ontario, sino a Toronto o a Ottawa. Nadie va a la provincia de Hesse, sino a Frankfurt y nadie piensa en el estado de Massachusetts, sino en Boston. La lógica del turista es totalmente diferente a la de la función pública.
Pero es justamente bajo la lógica del turista como deben pensar los promotores turísticos de gobierno. Si bien es cierto que por normatividad tienen límites geográficos, también es cierto que ellos no pueden cambiar el comportamiento del turista por lo que deberán tener la astucia y sabiduría para poder combinar las necesidades de los turistas con sus limitantes burocráticas. El hacer eso requiere justamente de lo que ellos se supone son especialistas: tener oficio político. Siendo así, que lo apliquen y a promover los destinos turísticos como se debe y no como diga el manual del burócrata.