El pasado viernes 14 de octubre tuve la oportunidad de asistir a la inauguración de los XVI Juegos Panamericanos en la ciudad de Guadalajara. El evento fue espectacular de principio a fin, pero ante todo fue una demostración de la gran capacidad de Guadalajara y de México para llevar a cabo eventos de esta naturaleza.

Por principio, fue de llamar la atención la organización y el orden para trasladarte desde tu punto de origen hasta un punto intermedio, para de ahí, llevarte en transportación especial al Estadio Omnilife, impresionante escenario del más alto nivel, dotado de tecnología, modernidad y comodidad. En cada asiento había una bolsa que contenía un kit para cada uno de los asistentes al estadio. El kit estaba conformado de unos aplaudidores, una linterna de color y las instrucciones de lo que debíamos hacer como público, al momento de jugar nuestro papel en la inauguración.

Alrededor de las 7:00 pm inició un ensayo con el público, donde nos explicaron en qué momento deberíamos encender nuestras linternas de colores, que era al escuchar ciertas notas musicales y en una segunda parte, quitar la mica de color de la linterna, para alumbrar solo con luz blanca.

Todo inició a las 8:00 en punto de la noche, con una cuenta regresiva: 30, 29, 28, 27, 26…5, 4, 3, 2, 1, ¡cerooooooooo! El estallido del público y la entrada de Vicente Fernández cantando primero el Himno Nacional y después complementado con charros a caballo y cantando entre otros temas… ”Guadalajara, Guadalajara”. Y la pregunta de todos fue: si el evento abrió con Vicente Fernández, ¿qué sigue después? Ya que esto apenas comienza y ¡ya echaron una de las cartas más fuertes!

En seguida vino el desfile de las 44 naciones participantes, donde cada una de ellas fue aplaudida enormemente y desfilaron en el campo del estadio donde tenían destinadas sillas perfectamente ordenadas, para que los deportistas se sentaran a ver el resto de la ceremonia. Después de que las 43 naciones invitadas desfilaron y se acomodaron en sus asientos, todo estaba listo para la entrada de la delegación mexicana, que hizo explotar el Omnilife con una ovación de pie que duró más de 10 minutos.

Posterior a ello, apareció el grupo tapatío Maná, quien interpretara un par de canciones, para dar paso a uno de los momentos más sorprendentes con música de Eugenia León, al centro del estadio apareció un gigantesco cilindro de tela donde en su interior volaban 4 artistas a más de 20 metros de altura, emulando a los atletas de diversas especialidades y proyectando su imagen desde el interior del cilindro al exterior, para poder ser vista por el público.

Después vino el que para mi gusto fue el momento más emotivo para el público asistente. Con la música electrónica-norteña del grupo Nortec, vino la participación del público, donde según la nota musical correspondiente, deberíamos encender o apagar nuestras linternas. Cabe mencionar que el estadio estaba seccionado en 12 áreas, por lo que las linternas fueron repartidas en seis colores, resultando dos secciones por cada color. Según se escuchaban las notas, se encendían las luces verdes, naranjas, azules, rojas, moradas y amarillas en perfecta sincronización y según la instrucción, haciendo movimientos en círculo o bien de arriba abajo.

Luego vinieron los discursos protocolarios, para dar paso al emocionante momento en que se llevaron a cabo los últimos relevos de la Antorcha Panamericana, hasta llegar con Paola Espinoza, quien voló unos cuantos metros para encender el fuego panamericano, que se propagó hasta lo alto del estadio, directo al Pebetero Panamericano, todo ello adornado por impresionantes fuegos artificiales.

Claro que hubo algunos sucesos adicionales como la colocación de la bandera panamericana trasportada por la Miss Universo Tapatía, Ximena Navarrete y varias leyendas del deporte mexicano, como Julio Cesar Chávez, la presentación de Lila Downs, Juanes y la participación del público con las linternas, ahora todos con luz blanca invocando a la paz en México y en América y los fuegos artificiales que estallaron en repetidas ocasiones. Todo llevado bajo un orden impresionante y manejando las emociones del público hasta el máximo. Como cierre, el potrillo Alejandro Fernández canto el himno de esta competencia.

No cabe duda que un evento de la talla de los Juegos Panamericanos es lo mejor que le pudo pasar a México en estos momentos difíciles, ya que son la mejor demostración de la grandeza de nuestro país. Complementado a ello, una ceremonia inaugural digna de los escenarios deportivos y de espectáculos más importantes del mundo, lo que ahora ubica a Guadalajara en el escenario mundial de grandes eventos internacionales. ¡Felicidades Guadalajara!

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