Uno de los problemas en temas relativos a la sostenibilidad es que recurrentemente tendemos a emplear el concepto en forma equivocada. Por supuesto, esto se debe a un desconocimiento general del tema, a una tergiversación del propio concepto y al temor de buscar más información al respecto por creerlo un asunto “extremadamente complejo”.
En el caso de las reuniones, los congresos, las convenciones y los incentivos, pasa exactamente lo mismo y los actores involucrados en la operación de un evento tienden a evitar entrar de lleno al tema, modificar prácticas o sistemas específicos y a realizar cambios en su infraestructura. Nuevamente, una de la razones es el desconocimiento y las objeciones en que éste deriva. De primera mano, se tiende a creer que se requiere de un experto que nos asesore para dar el primer paso y que el asunto terminará siendo un lastre económico. Son modas, se dice, y la pregunta inicial tiende a ser sobre la ventaja o herramienta comercial que seguramente NO representa.
La realidad es que una cosa no tiene que ver con la otra. Si bien en distintas encuestas hechas a compradores del mercado de grupos internacional se aprecia un constante crecimiento en la requisición de prácticas pro-sostenibilidad en la operación de reuniones para decidirse por un destino turístico o proveedor de servicios, el principal motivador para dar el primer paso debería de ser la convicción, que normalmente llega cuando nos queda claro el concepto básico de la sustentabilidad y cuando entendemos que existen verdaderos “expertos” que se han encargado de estudiar, analizar y aterrizar el tema hasta crear procesos aplicables por nosotros (los mortales que nos dedicamos a otra cuestión).
Para entender la sostenibilidad hay que pensar en las palabras perdurabilidad y preservación. El uso en específico de la palabra sostenibilidad tiene su origen en el término “desarrollo sostenible”, asumido en 1992 en el Principio 3º de la Declaración de Río (1992). En este último, se explica el “Desarrollo Sostenible” como el “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades”.
El Desarrollo Sostenible y por ende la sostenibilidad, buscan el sano equilibrio entre tres aspectos esenciales: Económico (propone el uso inteligente, responsable y con sentido común de los recursos económicos), Social (busca fomentar las relaciones entre individuos, el uso colectivo de lo común y en su parte cultural el fortalecimiento de la identidad cultural) y Ambiental (busca la preservación de la biodiversidad y de los ecosistemas). En resumen, se busca “permitir el crecimiento económico y el uso de los recursos naturales a nivel mundial, pero teniendo muy en cuenta los aspectos medioambientales y sociales globales, para que en el largo plazo no se comprometa ni se degrade sustantivamente ni la vida en el planeta, ni la calidad de vida de la especie humana”.
En nuestro segmento, la sostenibilidad debe ser vista de la misma forma. Como en pocas, en nuestra actividad económica y en nuestro país los tres pilares de la sostenibilidad están ligados a muerte. La parte social-cultural, la económica y la ambiental son trascendentales y difícilmente puede vislumbrársele un futuro sin que alguno de esos aspectos se desarrolle, evolucione y se fortalezca. ¿Cómo imaginarse a futuro un destino de reuniones competitivo sin contar con una identidad, sin tener elementos culturales diferenciadores, con un tejido social destruido, con una sociedad sin valores o con sus recursos naturales devastados?
Evidentemente, quienes trabajamos en Turismo de Reuniones tenemos la gran responsabilidad de trabajar en conjunto. No basta con pretender ser “verde” los jueves de reciclaje ni con llevar regalos a los hospicios una vez al año. Debemos trabajar en el entendido de que nosotros, nuestras familias, nuestros vecinos, nuestros empleados, nuestros proveedores y nuestros competidores estamos en el mismo barco. Nuestras acciones, por más cotidianas que sean, pueden hacer una gran diferencia. El campo de acción es vasto, gigantesco y hay cientos de vías y oportunidades que podemos y debemos aprovechar. La buena noticia es que en nuestros días existe conocimiento de primera mano, fácil de entender pero especializado y segmentado, habiendo disponibles decenas de listas de estándares de operación pro-sostenibilidad nacionales e internacionales, programas de monitoreo, certificaciones, calculadoras de emisiones, programas de apoyo y esquemas de financiamiento que pueden ayudarnos a consolidar la orientación de nuestros procesos operativos hacia la sostenibilidad. Al final, en nuestros días, dar el primer paso solo requiere de un poco de voluntad.
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