¿A qué me refiero con el principio de Monk? Tal vez ustedes estén familiarizados con una serie policiaca americana titulada “Monk” la cual trata sobre un detective, Adrian Monk quien es un ex-policía dedicado a resolver casos, particularmente asesinatos.
Por supuesto que la trama de la serie no tiene nada que ver con los meeting planners pero hay algo del personaje que me parece que sí. Y es que justamente, parte de lo interesante de esta serie es el propio personaje de Adrian Monk el cual es muy singular. Por cuestiones de su pasado, este personaje es detallista, perfeccionista y purista del orden, incluso maníaco y esquizofrénico a un grado que raya entre lo insoportable y lo cómico. Cómico por supuesto cuando vemos la serie, pero insoportable cuando lo vivimos en la realidad…y si, acertó, es justamente ahí donde entran nuestros amigos los meeting planners.
Las manías enfermizas de Monk dan un toque de comicidad a la serie que la hace única. Quien pensaría que un individuo con una personalidad tan compleja tendría la capacidad de resolver casos policíacos.
Por su parte, nuestros queridos meeting planners, particularmente aquellos que se dedican a operar eventos de terceros, se han vuelto perfeccionistas y exigentes al grado de que me parece inevitable compararlos con el maníaco de Monk.
En varias ocasiones me ha tocado convivir en comidas, cocteles, cenas y cualquier otro evento con meeting planners y me llaman la atención dos cosas:
- La primera es lo exigentes que son ante cualquier detalle. Que no se le ocurra al mesero hacer un error porque el reclamo será inmediato.
- La segunda, es la suerte que tienen. Tal vez el ser tan perfeccionista les hace literalmente “encontrar el pelo en la sopa”, ya que las desgracias y problemas parecen sucederles a ellos con mayor frecuencia que a cualquier otra persona. En pocas palabras “si se sientan en un pajar, se clavan la aguja perdida”.
Ahora bien, no me malinterpreten, no estoy criticando a los meeting planners al compararlos con el esquizofrénico de Monk sino más bien mi intención es mandar un mensaje a la oferta turística como hoteles, centros de congresos, DMC’s, empresas de banquetes, edecanes, interpretación simultánea, decoración y demás. Y es que el mensaje es que en cada meeting planner con el que se encuentren en el camino, hay un Adrian Monk que se puede volver loco si el detalle no está como ellos lo esperan.
Lo que muchas veces no vemos es que el final del camino, el meeting planner está siempre entre la espada y la pared. Entre las necesidades y demandas de su cliente (quien puede ser otro Monk) y la prestación de los servicios y su correspondiente calidad, de la cual en muchas ocasiones el meeting planner no tiene el control pero si tiene que afrontar la responsabilidad ante su cliente. Esto le puede complicar mucho las tareas del meeting planner y generarle situaciones delicadas con el dueño del evento.
No perdamos de vista que en esta especialidad, el visitante de reuniones gasta en promedio de tres a siete veces más de los que gasta el de placer. Por lo que nuestros servicios deben ser muy superiores y muy precisos para que los clientes y sus meeting planners queden totalmente satisfechos. Con base en ello, desde mi punto de vista, el principio de Monk aplicado a los meeting planners se justifica ampliamente. Entendamos más las exigencias de los meeting planners y preocupémonos más por subir la calidad y el profesionalismo de nuestros servicios.
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