En el artículo anterior describí algunos conceptos generales del Camino de Santiago, ahora lo describiré como producto turístico. Como mencioné anteriormente, el objetivo es hacer un recorrido a pie, que va desde un poblado llamado Roncesvalles, ubicado en los Pirineos en la frontera entre Francia y España, hasta llegar a Santiago de Compostela, en un recorrido de aproximadamente 750 kilómetros.

El recorrido en sí, los paisajes, la aventura, la historia , la cultura, la gastronomía y el misticismo, lo hacen un producto turístico fuera de serie, sin embargo, lo que lo convierte en el mejor de todos, es la logística. Todo lo anterior conforma, sin duda, una experiencia extraordinaria, pero es el armado del camino, la logística tan compleja pero a la vez tan lógica y sencilla, lo que permite al visitante aprovechar al máximo cada atractivo y cada experiencia.

Y ¿en qué consiste esa logística?, en que cada visitante realice su propio Camino de Santiago. Que lo haga por su cuenta, en el tiempo que él quiera o que disponga, al ritmo que lo quiera hacer y con el presupuesto del que se pueda valer. Esta experiencia es tan corta o tan larga, tan cara o tan barata, tan intensa o tan relajada como cada turista, o mejor dicho como cada peregrino quiera vivirla, ya que todo está dispuesto justamente para satisfacer todas las necesidades.

Lo primero que hay que entender, es el papel que uno desempeña. Al hacer el Camino estás haciendo una peregrinación realizada por más de mil años por monjes, religiosos y peregrinos, por lo que hay que asumir el papel de peregrino que quiere hacer el Camino. ¿Por qué es importante ser un peregrino? Nuevamente, porque la logística está dispuesta para ello, para apoyar y atender a los peregrinos, no a los turistas comunes, esos también son bienvenidos, pero como cualquier turista. Además, en cualquier poblado del Camino por el que se transite, hay beneficios para los peregrinos, como precios especiales, descuentos, ayudas y demás. El ser peregrino es algo más, y ese algo más es por donde inicia esta experiencia.

La parte fundamental de la logística de este producto radica en la señalización. El secreto del éxito de esta aventura y la razón por la cual cualquiera puede hacerla sola, es que siempre hay una señal para ubicar al peregrino, lo que hace casi imposible que éste se pierda. Las señales del Camino son simples, son sus símbolos replicados a lo largo del Camino y estos símbolos son dos: la vieira y la flecha amarilla. Asimismo, el color del Camino es el amarillo, por lo que a lo largo de éste siempre se ven vieiras amarillas, flechas amarillas o en el peor de los casos, círculos o manchas amarillas. Lo interesante es que en cada cruce de caminos, en cada bifurcación o en cada lugar donde existan varias rutas o senderos posibles de tomar, el que forma parte del Camino de Santiago siempre está señalado con alguno de los símbolos amarillos, lo que hace totalmente innecesario el contratar un guía.

El equipamiento turístico es muy adecuado, ya que hay opciones para todos los gustos y bolsillos. En lo referente al hospedaje, el Camino ofrece diferentes alternativas, como albergues para los auténticos peregrinos y para quienes tienen un presupuesto más reducido. Estos albergues tienen espacios comunes (mixtos) con camas y literas, baños limpios (estos no son mixtos), lavandería, comedor y algunos hasta computadoras e Internet. Para quien no le gusten los albergues, el Camino ofrece hostales, que son pequeños hoteles rurales de 2 a 4 estrellas. Asimismo, en algunos pueblos y principalmente en las ciudades medianas y grandes, se pueden encontrar hoteles de categoría superior como los Paradores, que son hoteles de lujo establecidos en edificios históricos, muchos de ellos convertidos en museos. También hay que decir que cada 4 o 5 kilómetros aproximadamente, siempre hay un pueblo donde los peregrinos pueden encontrar servicios básicos. Cada pueblo, por pequeño que sea, cuenta con por lo menos un bar o restaurante, un albergue o un hostal y servicios médicos, de manera que el peregrino nunca queda desamparado y puede contar con servicios básicos prácticamente por todas partes. Con esta oferta y estas facilidades, cada quien camina a su ritmo y se detiene a pasar la noche en el poblado que le guste, sin tener que llegar a un punto específico.

Un último punto que vale la pena mencionar, es que en cada lugar en el que decida el peregrino pernoctar, se lleva un control. Cada peregrino, al iniciar su camino, se registra en el punto de partida y se le da una Compostela (cartilla de peregrino), que contiene los datos de la persona, su punto de partida y sellos de cada lugar en el que ha pernoctado, con lo cual se tiene un registro y un control de cada lugar donde duerme el peregrino, lo que facilita su localización e identificación en caso de ser necesario.

Estas facilidades le brindan la oportunidad al visitante de vivir una experiencia extraordinaria. Pero de la experiencia en si, hablaré en la tercera y última parte de este artículo, el cual podrán leer la próxima semana.

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