Esta historia empieza hace muchos años, en las Dunas de Samalayuca en Ciudad Juárez durante uno de los Congresos Nacionales de Turismo de Reuniones.
Nos llevaron a lo que ha sido una de las experiencias más originales y divertidas de mi vida, un evento en medio del desierto.
El Dress Code decía: Tenis o botas.
Yo muy obediente, llevé mis botas (Por supuesto último modelo directo de León Guanajuato), de punta de pico entre otras características.
Oh sorpresa!, que durante una de las actividades, teníamos que bajar las dunas a “grito de guerra” con todas las mujeres que íbamos al evento.
Por supuesto acelerada como soy me quise ir muy rápido, y no contaba con el freno de mano integrado en la punta de mis botitas que me hizo no solo caer a mí, sino que formé una avalancha de todas las del equipo, donde estoy segura quisieran haber estado todos los hombres que iban al evento.
¿Obedecí el Dress Code? Si
¿Fue la mejor decisión? Mmmm… creo que no (aunque memorable, ¡eso si!)
Y como esta historia, tengo muchas más. Pasando por suéter negro en un evento en Cuernavaca, tacón en una visita de inspección a un parque, caminata en huarache en Mexicali, y la más reciente: pantalón a la cadera para bajar 4 horas en bicicleta de montaña para una demostración de un producto turístico.
¿Cuál es la importancia de que comuniquemos de manera efectiva el Dress Code para nuestros eventos y actividades turísticas?
Muy sencillo: De esta instrucción depende en gran medida el éxito del evento. De que me sienta cómod@, de que sea ad-hoc a las actividades, al clima, al resto de los asistentes.
Hay que poner un especial cuidado a este punto y pensarlo poniéndonos literalmente “en los zapatos” de quien va a vivir nuestros eventos. ¿Cómo les facilitaremos el que sea una experiencia disfrutable?
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