Como ya es bien sabido durante dieciocho meses – todo el 2008 y la mitad del 2009 – los Estados Unidos, y gran parte de los países en el mundo incluido México, pasaron por la más severa crisis económica de los últimos 50 años, afectando la forma en que las familias consumen productos y servicios, incluido el turismo.

En las últimas semanas se ha anunciado que el tamaño de la economía en los Estados Unidos ha vuelto a los niveles anteriores a la crisis; sin embargo la recuperación del empleo continua siendo muy lenta y gran parte de las nuevas plazas han sido temporales o subsidiadas por el sector publico (lo que a mediano plazo no podrá ser sostenido). Para las características de la economía de nuestro vecino del norte, el desempleo es aún muy alto - 9% - casi lo doble que a principios del 2008. Se calcula que en mayo de este año había cerca de 14 millones de personas buscando activamente un empleo, sin encontrarlo.

Por otra parte, las empresas que han podido salir adelante optaron por buscar cómo hacer más con menos, es decir subieron su productividad. Para ello o bien implementaron innovaciones en sus procesos (tecnológicas principalmente) o redujeron plazas e incrementaron horas de trabajo. En comparación con otros países desarrollados los trabajadores estadounidenses tienen jornadas de trabajo más largas (86% de los hombres y 67% de las mujeres permanecen más de 40 horas a la semana) y menos días de vacaciones (por ley tan solo 10 días por año).

Este entorno económico ha modificado los patrones de consumo en las familias, ya sea porque algún miembro no tiene una fuente de ingresos segura o bien para reducir el nivel de endeudamiento e incrementar el ahorro. Los bienes inmuebles en los Estados Unidos han sido considerados como la mejor forma para construir un patrimonio y ahorrar, pero hoy existen más de 4 millones de viviendas en proceso de recuperación por los bancos, en donde las familias perdieron todo lo que invirtieron, y muchas más viven en casas por las que están pagando más de lo que valen.

Todo esto ha causado que los recursos con los que cuentan las familias para disfrutar un viaje y descansar sean limitados. Tradicionalmente se invierte para ello parte del dinero disponible después de cubrir los gastos primarios y el ahorro.

Es indudable que hay grandes sectores de la población que cuentan con el tiempo y los recursos disponibles para realizar gastos superfluos y viajes, pero la población promedio no ha recuperado aun su capacidad de gasto discrecional, lo que indudablemente afecta a la industria del turismo.

Aspectos como la cercanía, conectividad y practicidad para viajar, versatilidad de los destinos para satisfacer los diversos gustos, seguridad, calidad de servicios y atracciones son muy importantes; pero el elemento que sigue siendo fundamental es el valor, tanto en precio como aspiracional, que el consumidor asigna a la experiencia de viaje.

Sígueme en Twitter: @Responda