Coyoacán: Los dueños del "coyote"
Cada vez que escuchamos Coyoacán lo primero que se viene a la mente es Frida Kahlo y el Café Jarocho, pero no todo es eso y sus dos jardines.
Coyoacán tiene una historia interminable entre todas sus calles y callejones. Desde su entrada principal por la calle Francisco Sosa se respira el aire bohemio que siempre lo ha caracterizado, todos los personajes importantes en la historia de México han estado al menos una vez en su vida caminando en los empedrados, incluso algunos, han decidido formar su residencia en este increíble barrio.
Personajes como Octavio Paz, Salvador Novo, Emilio “Indio” Fernández, Luis Buñuel, León Trostky, Dolores del Río y muchos más dieron vida a este lugar que pareciera decidió detener el tiempo y mantenerse en el siglo XIX. Coyoacán es tan nostálgico que aún recorren por algunos metros las aguas ya no tan cristalinas del último río vivo de la Ciudad de México, aguas donde anteriormente se utilizaban para bañarse, nadar y abrevar a los caballos que transportarían mercancía por los barrios de Santa Catarina, San Francisco o La Concepción.
Dentro de las diferentes colonias y barrios de Coyoacan se pueden encontrar verdaderas joyas que pasan desapercibidas pero resultan bastante importantes. No hay otro museo dedicado a la técnica de la acuarela como el que existe en el barrio de los coyotes, una casa-museo que alberga las mejores obras de pintores internacionales que se han expresado por medio de la pintura y el agua sobre el papel.
Fragmentos de la Constitución mexicana de 1917 fueron escritos en la Casa del Sol y los últimos días de vida de Octavio Paz pasaron en los que conocemos como la Fonoteca Nacional. Sobre la calle de Zaragoza se puede encontrar la casa de Emilio Fernández por la que desfilaron algunas de las celebridades más importantes de la primera mitad del siglo XX como fueron Diego Rivera, María Félix, Agustín Lara, Cantinflas y hasta Marilyn Monroe.
Sus jardines, plazas, calles y callejones tienen vida propia y cada que uno pasa por ahí se respira un aire que nos regresa inmediatamente al pasado y nos enseña que inmerso entre autos, ruido y modernidad, aún se puede disfrutar de un lugar tranquilo y bohemio en nuestra caótica Ciudad de México.