En el reciente Congreso de Turismo de Reuniones celebrado en la ciudad de Tijuana, tuve una reunión con un funcionario de la Secretaría de Turismo del Gobierno del D.F. y con otras personalidades del segmento de Turismo de Reuniones de nuestro país. La interrogante fue sobre lo que necesita la Ciudad de México para atraer más congresos y convenciones y mi respuesta fue, y sigue siendo que la Ciudad de México tiene todo lo necesario excepto movilidad.
El pasado viernes 23 de agosto cuando supe que el acceso y la salida del aeropuerto Internacional de la Ciudad de México estaba bloqueado por los llamados maestros por no decir “maistros” del CNTE, y que además la plaza de la Constitución, Paseo de la Reforma y San Lázaro estaban bloqueados por los mismos rufianes, recordé mi conversación en Tijuana. ¿Cómo podemos asegurar el éxito de un congreso, sobretodo de talla internacional, cuando nuestros huéspedes no pueden abandonar el aeropuerto o no pueden llegar el día de su salida?
El día de ayer, 26 de agosto, me enteré por la noticias que Paseo de la Reforma se encontraba bloqueada además de que continúan los campamentos insalubres en el Zócalo de la Ciudad de México.
Sé que todos tenemos derecho a expresar nuestras ideas ya que vivimos en un país donde la libertad es una obligación, sin embargo siempre he pensado que los derechos de unos terminan donde empiezan los de los demás. No es posible que por manifestarse unos cuantos, alteren la vida de miles o millones de personas. Eso solo se ve en México y concretamente en la Ciudad de México. En ninguna parte del mundo se permite que se impida el libre paso de las personas para llegar a sus casas o trabajos, jamás se impediría el paso de una ambulancia con una persona enferma o herida como sucedió el viernes ocasionando la muerte del enfermo. Esto ha sido un cáncer creciente y el gobierno lo tiene que aniquilar o de lo contrario nos va a vencer y la ciudad quedará condenada a vivir en la inmovilidad
Creo que es momento de que las autoridades actúen regulando el libre derecho a la expresión pero sin afectar el libre movimiento de los ciudadanos de la Ciudad de México cuyo único pecado es vivir en la capital de la nación.
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