Una vez escuché una frase que decía: “La primera impresión suele ser la última impresión”.
La gente que visita un centro de convenciones (recinto) piensa que estos edificios ganan muchísimo dinero, sin embargo, la realidad, dista mucho de ello.
De acuerdo a un estudio de Price Water House, un recinto en sus niveles de máxima ocupación llega al 70%; en aquellos lugares muy céntricos o consolidados como Cd. De México, Monterrey o Guadalajara. Se pierden muchos días entre eventos de consumo y Trade Shows.
La gran mayoría de los recintos están por debajo del 50% de ocupación. Si a esto le sumamos que los gastos más fuertes que tiene un edificio de este tipo son la nómina y la electricidad, tomando en cuenta que independientemente de que haya o no eventos, los empleados van a trabajar todos los días y también se tienen que iluminar el edificio, encender escaleras eléctricas, aire acondicionado, etc. Me pasa lo mismo cuando entro a una tienda departamental con todas las luces encendidas y solo hay gente paseando, no comprando. Recuerdo que un cliente me decía: “I want buyers not viewers”.
Los recintos cobran la renta, los servicios que prestan y algunos tienen la bendición de operar por su cuenta alimentos y bebidas, (que lo hagan bien o mal, es otra cosa).
Todo el glamor que vemos cuando hay un evento, es gracias al organizador, los expositores y patrocinadores así como de los apoyos de la ciudad, oficinas de visitantes y convenciones, autoridades municipales, Secretaría de Turismo y/o Economía.
A todos nos gusta que cuando rentamos un lugar esté en óptimas condiciones de funcionamiento, pero a nadie le gusta pagar la renta cuando hay que contratarlo; hay muchos organizadores que piden las fechas en cortesía, sobretodo, cuando el recinto es del gobierno. Si bien es cierto que se hizo con los impuestos de los contribuyentes, eso no quiere decir que su operación sea sin costo. Cuando eso ocurre, el evento no paga renta, en ocasiones, con trabajos paga los servicios y lo que sí, genera un gasto de operación para el recinto.
Entonces: ¿Cómo operan? En EUA y la gran mayoría del resto del mundo, el recinto es propiedad de la ciudad y están conscientes que son edificios que operan con pérdida. Pero no todo el panorama es gris. La ciudad entiende que al haber un recinto hay eventos y esto atrae a la gente, a los organizadores, contratistas, prestadores de servicio, a los visitantes. Todos ellos consumen y utilizan un sinfín de productos y servicios de diferente tipo, ya que todo va en función de los presupuestos de cada persona o empresa y de la oferta, hay quienes comen en un restaurante elegante y otros en uno de comida rápida. Se genera derrama económica que a su vez, genera más impuestos; es ahí donde el gobierno recibe más ingresos y logra subsidiar la operación de un recinto.
Desde un panorama más global, la ciudad recibe más dinero por la recaudación de impuestos que de las rentas y servicios que genera el recinto. De ahí la importancia de que hoy en día el número de recintos se incremente; pero el recinto es solo el comienzo, justo ahí empieza el desarrollo de la Estrategia de Destino.
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