¿MÁS TURISTAS O MÁS DIVISAS?
Como parte del programa de movilidad estudiantil de la Universidad Autónoma de Baja California, este semestre me encuentro estudiando en Tailandia, donde este pasado lunes tuve la peor experiencia, en cuanto a servicios turísticos se refiere. Ésta, no derivada de la estafa que fuimos víctimas al comprar un boleto de autobús “VIP”, para viajar en una mini-van (en dos, porque tuvimos que cambiar), sino por haber sido tratados de una manera muy grosera, e incluso insultados por el operador, al preguntarle cuánto faltaba para irnos, después de que nos habían hecho esperar más de una hora en un restaurante en medio de la nada. Uno de los pasajeros, de origen español, tuvo una discusión muy fuerte con el operador, tras tomar fotografías de éste, del lugar y del vehículo, para reportarlo a las autoridades; terminó por solicitar su dinero (y el de su hermano) de regreso, pero al sólo recibir más insultos y hasta una violenta amenaza por parte del operador, quien le preguntaba si quería pelear, decidió irse a buscar otro medio de transporte.
En el camino de regreso esta situación me hizo pensar en todas las veces que he leído o escuchado acerca del “Top X de países receptores de turismo” o, en el caso de los países que no están dentro del “Top X”, de cómo “no buscan cantidad, buscan calidad” (refiriéndose con calidad a las divisas generadas). La realidad es que, no se trata de atraer la mayor cantidad de turistas, ni de atraer sólo a aquellos que mayor derrama dejan; por supuesto que, desde el punto de vista económico inmediato, esta quizá pueda ser la estrategia.
Sin embargo, siendo el Turismo una actividad que depende de sus recursos, la sustentabilidad es primordial para garantizar el éxito de dicha actividad en cualquier país. La frecuencia con la que se escucha este término es prueba de ello, por lo tanto, la calidad de un turista debe estar ligada con su educación y no con su nivel de gasto. Esto se basa en las siguientes premisas.
1. Siempre habrá turistas que busquen viajar económicamente y aquellos que busquen viajar lujosamente. Esto no se puede controlar, pues opciones para ambos sobran.
2. El costo de los servicios turísticos no siempre está ligado al daño ambiental que éstos generan. Un turista que busca ahorrar tiene mayor disposición a viajar en tren o camión, a compartir cuarto en un hostal y a moverse en transporte público (incluso a pie o en bici) dentro de una ciudad, a uno que no le preocupa el costo, quien generalmente elige avión, hotel de 4 o 5 estrellas y taxi (incluso renta de auto) para transportarse en el destino.
3. El costo de un servicio no está ligado a la calidad de éste, por lo que ambos tipos de turistas son sujetos a llevarse una mala experiencia en el destino y a hablar de ella en su país de origen y, como ya es costumbre, en sitios como TripAdvisor, los cuales se han vuelto factores decisivos al planear un viaje.
4. Una persona interesada en conocer nuevos destinos, es más susceptible a trabajar como voluntario en actividades asociadas a la responsabilidad social de dicho destino.
5. Como en cualquier otro negocio, el éxito de un destino turístico puede ser determinado por la calidad en las relaciones con sus clientes, los turistas. Por lo tanto, aunque requiere de un gran esfuerzo conjunto, la calidad y sustentabilidad de un destino dependerá, en gran medida, de la capacidad que sus autoridades turísticas tengan para comunicarse con el visitante y obtener retroalimentación de su visita, lo cual no sólo eleva la calidad del destino, sino que genera lealtad, algo muy difícil de lograr habiendo tantos países por visitar.
6. Finalmente, el destino que hoy todos quieren visitar puede ser aquel del que mañana todos hablen mal, tal es el caso de la ciudad más visitada en el 2013, Bangkok (según Forbes), de la cual ya se pueden empezar a leer varias reseñas acerca de mal servicio, violencia contra los extranjeros, inseguridad en los medios de transporte y las famosas estafas, entre otras cosas.
Más, no siempre es mejor. Calidad y cantidad: responsabilidad del destino turístico
¿MÁS TURISTAS O MÁS DIVISAS?
Como parte del programa de movilidad estudiantil de la Universidad Autónoma de Baja California, este semestre me encuentro estudiando en Tailandia, donde este pasado lunes tuve la peor experiencia, en cuanto a servicios turísticos se refiere. Ésta, no derivada de la estafa que fuimos víctimas al comprar un boleto de autobús “VIP”, para viajar en una mini-van (en dos, porque tuvimos que cambiar), sino por haber sido tratados de una manera muy grosera, e incluso insultados por el operador, al preguntarle cuánto faltaba para irnos, después de que nos habían hecho esperar más de una hora en un restaurante en medio de la nada. Uno de los pasajeros, de origen español, tuvo una discusión muy fuerte con el operador, tras tomar fotografías de éste, del lugar y del vehículo, para reportarlo a las autoridades; terminó por solicitar su dinero (y el de su hermano) de regreso, pero al sólo recibir más insultos y hasta una violenta amenaza por parte del operador, quien le preguntaba si quería pelear, decidió irse a buscar otro medio de transporte.
En el camino de regreso esta situación me hizo pensar en todas las veces que he leído o escuchado acerca del “Top X de países receptores de turismo” o, en el caso de los países que no están dentro del “Top X”, de cómo “no buscan cantidad, buscan calidad” (refiriéndose con calidad a las divisas generadas). La realidad es que, no se trata de atraer la mayor cantidad de turistas, ni de atraer sólo a aquellos que mayor derrama dejan; por supuesto que, desde el punto de vista económico inmediato, esta quizá pueda ser la estrategia.
Sin embargo, siendo el Turismo una actividad que depende de sus recursos, la sustentabilidad es primordial para garantizar el éxito de dicha actividad en cualquier país. La frecuencia con la que se escucha este término es prueba de ello, por lo tanto, la calidad de un turista debe estar ligada con su educación y no con su nivel de gasto. Esto se basa en las siguientes premisas.
1. Siempre habrá turistas que busquen viajar económicamente y aquellos que busquen viajar lujosamente. Esto no se puede controlar, pues opciones para ambos sobran.
2. El costo de los servicios turísticos no siempre está ligado al daño ambiental que éstos generan. Un turista que busca ahorrar tiene mayor disposición a viajar en tren o camión, a compartir cuarto en un hostal y a moverse en transporte público (incluso a pie o en bici) dentro de una ciudad, a uno que no le preocupa el costo, quien generalmente elige avión, hotel de 4 o 5 estrellas y taxi (incluso renta de auto) para transportarse en el destino.
3. El costo de un servicio no está ligado a la calidad de éste, por lo que ambos tipos de turistas son sujetos a llevarse una mala experiencia en el destino y a hablar de ella en su país de origen y, como ya es costumbre, en sitios como TripAdvisor, los cuales se han vuelto factores decisivos al planear un viaje.
4. Una persona interesada en conocer nuevos destinos, es más susceptible a trabajar como voluntario en actividades asociadas a la responsabilidad social de dicho destino.
5. Como en cualquier otro negocio, el éxito de un destino turístico puede ser determinado por la calidad en las relaciones con sus clientes, los turistas. Por lo tanto, aunque requiere de un gran esfuerzo conjunto, la calidad y sustentabilidad de un destino dependerá, en gran medida, de la capacidad que sus autoridades turísticas tengan para comunicarse con el visitante y obtener retroalimentación de su visita, lo cual no sólo eleva la calidad del destino, sino que genera lealtad, algo muy difícil de lograr habiendo tantos países por visitar.
6. Finalmente, el destino que hoy todos quieren visitar puede ser aquel del que mañana todos hablen mal, tal es el caso de la ciudad más visitada en el 2013, Bangkok (según Forbes), de la cual ya se pueden empezar a leer varias reseñas acerca de mal servicio, violencia contra los extranjeros, inseguridad en los medios de transporte y las famosas estafas, entre otras cosas.
Más, no siempre es mejor.