A poco más de una hora de la Ciudad de México, en el municipio de Tepoztlán Morelos, se encuentra el “lugar de los amates”, de acuerdo a su topónimo de origen náhuatl: Amatlán de Quetzalcóatl.

Considerado por muchos como un lugar sagrado, mágico y hasta místico, Amatlán se sitúa en la ladera sur de la sierra del Ajusco. Un escenario natural de sorprendente belleza, por sus montañas amaderadas, pero con un magnetismo muy particular. Gran parte de su relevancia, se deriva de su historia. Fue en este poblado que nació Cé Acatl Topiltzin, mejor conocido como Quetzalcóatl.

Yo he tenido la suerte de visitar varias veces Amatlán y sigo convencido de que en verdad es un lugar mágico, lleno de luz. En dos ocasiones me he hospedado en un hotel que sale de lo convencional por su propuesta, pero que se amalgama perfectamente a la esencia de Amatlán: Hostal de la Luz.

Sin duda, Hostal de la Luz es un espacio para los sentidos, desde la llegada uno entra al hotel y se aísla. Esto resulta ideal si se tiene pensado descansar, reponer energía y re encontrarse con uno mismo. Pero también funciona de maravilla, como sede para sesiones de trabajo, como juntas de planeación e integración. Esto lo digo con pleno conocimiento de causa, ya que he vivido los dos planes.

Las 23 suites con las que cuenta el desarrollo, están diseñadas para disfrutar de un ambiente de tranquilidad y paz. Se nota el respeto al entorno y el cuidado de los recursos. A veces, la sencillez nos enseña que también puede ser un lujo. El resto de las instalaciones, están al mismo nivel, con la ventaja de salir de lo convencional.

Son pocos los hoteles que cuentan con un flotario, un laberinto de Chartres, un salón de meditación o Ashram, un jardín celta y hasta una pirámide. Parte del atractivo son los dos temazcales que existen, uno tradicional y uno de agua, donde las ceremonias son llevadas por un chamán.

Este tipo de instalaciones resultan ideales para actividades de integración de grupos de trabajo y a la vez se disfrutan plenamente en lo individual.

Hostal de la Luz cuenta también con un restaurante que si bien, su comida me pareció buena a secas, sin sobresaltos, su vista de 180 grados hacia la sierra me resultó simplemente espectacular. Confieso que uno de los días preferí darme una vuelta por Tepoztlán y comer en “El Ciruelo”, toda una referencia.

Por último, no puede uno dejar de recorrer a pie o a caballo el Cerro de la Ventana y el Cerro de la Fertilidad o senderos como Oztocuanamiquian (dos piedras que se juntan) y el mirador Tlamanco. Las vistas y los escenarios son impactantes, se puede sentir la energía del lugar.

Hostal de la Luz cumple bien, yo lo pondría en mi lista de lugares para regresar. Aunque reconozco que mucho se lo aporta la magia de Amatlán de Quetzalcóatl.