Las lunas de Júpiter, desde Chile
En uno de los cielos más limpios del mundo, el de los Andes chilenos, se encuentra el Observatorio Mamalluca, una instalación en la que los turistas pueden ver, a través de su telescopio, los anillos de Saturno y las lunas de Júpiter. Varias agencias organizan visitas nocturnas al observatorio, situado en el Valle de Elqui, a nueve kilómetros de la ciudad de Vicuña.
El desierto de las ballenas
El Uadi Al Hitan (Valle de las Ballenas, en árabe), situado en el desierto occidental de Egipto, cuenta una apasionante historia de la evolución de la vida en el planeta: el paso de las ballenas de la tierra al mar. El valle, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, posee restos fósiles de 40 millones de años de los arqueocetos, un grupo de animales ya extinto a partir del cual evolucionaron los actuales cetáceos. Las ballenas del Uadi Al Hitan, localizadas en un entorno de rocas con formas caprichosas, “se hallaban en la última fase de pérdida de sus miembros posteriores”, según detalla la Unesco.
Vacaciones radiactivas
A medio camino entre un homenaje a las víctimas y un parque de atracciones, algunas agencias ucranianas organizan visitas para turistas a la zona prohibida del desastre nuclear de Chernóbil. Los puntos fuertes del tour son la impresionante ciudad fantasma de Prípiat, que en su día acogió a 40.000 habitantes y hoy está completamente abandonada; Rossokha, el cementerio de camiones y helicópteros empleados tras el accidente; y el Bosque Rojo, formado por pinos azotados por la nube radiactiva que se empezó a formar el 26 de abril de 1986.
La puerta del infierno
En el inhóspito desierto de Karakum, que ocupa la mayor parte de Turkmenistán, un país situado en Asía Central, se encuentra la llamada “Puerta del Infierno”: un cráter de unos 70 metros de diámetro con llamas perpetuas. Su origen se remonta a 1971, según el diario británico Daily Mail, cuando un grupo de geólogos soviéticos vio cómo el techo de una caverna subterránea llena de gas natural se hundía mientras hacían una prospección. Para evitar posibles emisiones de gases tóxicos, decidieron prenderle fuego. Más de 40 años después, el fuego del conocido como cráter de Darvaza no se ha apagado.
Fuente: antena3.com