Manolita, historias de sabor: No tiene nombre

La inquietud de Adelor iba en aumento conforme se acercaba el tiempo para que iniciara la fiesta. Como buen parlanchín y fisgón, deseaba saber quién llegaría al convite. Con ese aparente disimulo y fingiendo que no le interesaba mucho el tema, por fin se decidió a comentar a los anfitriones que había encontrado, en la sala de las máscaras, una lista de invitados.

-Mire paisana, aquí tengo la relación de los invitados. Algunos nombres me recuerdan muchas aventuras y correrías de todos nosotros; unas individuales y otras en grupo.

¿Se acuerda de su amigo Luis? Querida paisana – pero estimado Adelor, ¡cómo no me voy acordar de Luis mi gran amigo!- ¿Vendrá a la fiesta, paisana?

Pues mire paisano, esperaría que sí, pero ese hombre es tan poco predecible y tan desapegado de la amistad que no me sorprendería que me haya confirmado y a la mera hora no llegue.

¡Cómo lo iba a dejar de invitar! Después de que tantas veces me contó un sueño recurrente que tenía… En aquella visión, según Luis, me veía de unos ochenta años, con mis trenzas largas, vestida con un huipil blanco, collares de plata con motivos mexicanos; en un gran salón recibía a mucha gente, acompañada de Rodrigo y de mis hijos y él, recargado en el umbral de la puerta, sólo nos observaba.

Según él, en aquellos tiempos, esa imagen le daba gran tranquilidad, así es que creo que su sueño hoy se hará realidad. Algo que no vio mi querido amigo en aquella quimera, es lo que haré hoy, si esa profecía se cumple; si lo veo de reojo en el quicio de la puerta, me aproximaré y le daré un gran abrazo, en señal de agradecimiento por haberme enseñado tantas y tantas cosas cuando éramos jóvenes.

Al escuchar aquellas palabras de Manolita, Rodrigo se apresuró a interrumpirla -Manolita, mi amor, por supuesto que te enseñó muchas cosas, entre otras, te hizo, en una época, adicta a las cantinas y te enseñó a tomar tequila… Muy buen amigo- enfatizó en tono irónico el marido, que quien no lo conociera creería que estaba celoso.

-¿A qué te refieres con tanta ironía? Querido sobrino- preguntó don Juan; entonces retomó la conversación Manolita..

En aquellos tiempos, cuando conocí a Luis tenía muy poco tiempo que la ley que prohibía la entrada de las mujeres a las cantinas había sido modificada; ya sé que me dirán que han pasado más de treinta años de la abolición de dicha norma y hay lugares donde se confina a las mujeres a un privado ¿Será que los hombres tienen algo que ocultar? -al hacer una breve pausa, la festejada esbozó una mueca, que algunos confundían con burla, pero que en Manolita era una expresión muy propia para manifestar desacuerdo.

En fin, retomando las andadas con mi buen amigo, resulta que tenía unos ocho meses de conocerlo; sin embargo, después de algunos tropezones en la relación y haber definido cada uno nuestro campo de acción en el trabajo y habernos manifestado respeto mutuo, el hombre entendió que era difícil para las mujeres poder trabajar, así es que de manera solidaria, cuando tenía que llevar a María o a José a la oficina, Luis, que además era el jefe, los llamaba a su oficina y les permitía hacer una que otra travesura, aduciendo que la que se enojaría sería yo y que no era importante mi enojo.

“No te preocupes José” -decía de manera divertida Luis, que en aquel tiempo ya tenía poco pelo y que además se burlaba de manera natural de sí mismo- “Las mamás siempre están buscando a quien regañar; pero tú no hagas caso, me dijo tu madre que deberías hacer la tarea, pero que tal si nos echamos antes de tan ardua obligación un timbiriche o un gato”.

En una ocasión, el jefe me solicitó ir en su representación a un evento, a lo que yo le contesté que me encantaría; pero que llevaba a mi niño y que era improcedente aparecer con él en aquella reunión.

Me contestó que él tenía todo previsto, que se quedaría con el pequeño José y que fuera a representarlo con la debida tranquilidad y aplomo que me caracterizaba.

Nerviosa, fui a la encomienda que me hizo, la dichosa reunión se fue prolongando y duró varias horas, mi aprensión, que siempre he tratado de evitar, fue creciendo, así es que como pude puse en todo momento mi mejor cara; conversé con gente de Durango, de Tamaulipas, de Guanajuato, de San Luis Potosí en fin, de prácticamente todo el país; pero en realidad lo que quería es que terminara el asunto.

Ya por ahí de las nueve de la noche me pude liberar, el chofer me regresó a unas oficinas que teníamos en Reforma y General Prim, apresurada, tomé el elevador y salí corriendo; una de las secretarias me esperaba con una gran sonrisa en la cara. “Calma Manolita, todo está en orden” y como si esperara la pregunta que nunca formulé continuó diciendo. “El licenciado se fue con el niño y otros compañeros a la cantina”. Mi sorpresa fue mayúscula, los ojos no me cabían en la cara, lo primero que pensé es que Rodrigo ahora si me mataría, interrumpí a la mujer que, evidentemente, era sarcástica -cómo que en la cantina mi bebe; pero qué se piensa este hombre, a qué cantina, deme la dirección- .

El Papagayo, me dijo, pensé antro de mala muerte, cómo es posible que este señor haga estas cosas, es un irresponsable. Como pude, llegué al lugar y desesperada, así como soy, bronca y loquita, llegué a la puerta de la dichosa cantina, aventé las puertas y con paso firme y decidido entré. Evidentemente después de empujar las puertas y entrar con esa arrogancia al lugar, los chiflidos no se hicieron esperar, los comensales tomaron sus vasos y los golpeaban a la mesa en señal de que una mujer más había osado entrar a aquel santuario reservado a los hombres por tantos años.

Como pude me abrí paso hacia la mesa donde yacía el jefe rodeado de sus amigos risa que risa y brinde que brinde. No alcanzaba a ver a José lo que hizo que mi furia aumentara. ¿Dónde está mi hijo grité? -Calma Palomita dijo Luis, está aquí, se quedó dormido después de haberse tomado estas cuantas cervezas- el niño estaba dormido sobre la mesa rodeado de aquellas bebidas, las lágrimas se me salieron al sentir tanta culpa.

-No pasa nada Palomita- insistía Luis- ¡Cómo que no pasa nada! Han alcoholizado a mi bebe- la risa de todos no se hizo esperar, como pude cargué al pequeño y entre gritos dije que era una broma pesada…-Mira Manolita, desde hoy Paloma, porque como dijimos vendrías vestida de blanco, no te enfurezcas ni hagas berrinche, siéntate con calma, échate un tequila y relájate, ya le avise a Rodrigo que estamos bien, que venimos de parranda los cuates, con José. Mira, ahí te traen un mole de olla para que cenes, porque estoy seguro que no has comido.

Aquel mole de olla me supo a gloria, así es que al día siguiente regresé con Luis a platicar con la mayora, para que me diera la receta del mole, que salvó a todos, incluyendo al tal Luis, hizo menguar mi ira contra ellos… El chiste de aquel mole de olla era la combinación de los chiles ancho y pasilla. La carne, me dijo la mayora, era muy importante que fuera una combinación de espinazo de res y chambarete. Al caldo se le debe poner unas 5 ramas de epazote. Y las verduras se van agregando poco a poco conforme se vaya cociendo la carne, primero las más duras como las papas, los elotes y las zanahorias, después de 40 minutos los ejotes y el chayote. Al final las calabazas, unos 20 minutitos antes de que se termine de cocer la carne. Aparte los chiles cocidos y bien desvenados, se muelen con el caldo que se está cociendo, cebolla y ajos; poco a poco se cuela la mezcla de chiles vertiéndolo en el cocido. Se deja unos 20 minutos más y ya está bien cocida la carne, para servirlo bien caliente.

Aquella mujer le daba un toque muy especial, porque además le agregaba bolitas de maza cocidas rellenas de queso panela.

Manolita Recomienda: Real de Catorce, mágica y legendaria población minera y la Huasteca Potosina, rica en su productividad y entorno natural, son símbolos de San Luis Potosí, en la parte septentrional del centro de México. Su ciudad capital posee un estilo único en su arquitectura, diversidad de museos y su barrio San Miguelito. En Santa María del Río los indígenas teenek, ofrecen al visitante los renombrados rebozos y quexquémitl, elaborados elegantemente a mano.

El Parque Nacional el Gogorrón, es propicio para caminatas y ciclismo de montaña. En la región huasteca se enclava el Parque Nacional “El Potosí” y la Laguna de Media Luna, cerca de Río Verde. En Ciudad Valles llama la atención la “Poza Azul” de Puente de Dios. Cerca de ahí, visite las cascadas Tamul y Micos. Y para deporte extremo, como el descenso en parapente, está el Sótano de las Golondrinas. También recomendamos visitar el río Tampaón y la zona arqueológica “El Consuelo”.

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