Rodrigo suspiró al verla ¡Manola, Manola de mis amores! Frente a frente y con esa mirada penetrante que lo distinguía, parecía descubrir hasta los pensamientos de su amada.
-Vengo determinado a hablar con tu madre, dijo él.
-¿Y eso para qué? pregunto la muchacha, un tanto inquieta.
-Para anunciarle que te quiero y que voy a casarme contigo.
Los recuerdos aún la sonrojaban, se llevó la blanca mano a los ojos, aquellas palabras le habían calado hasta los huesos, más aún sintió que el corazón se le desbordaba del pecho, se sonrojó y no atinaba qué hacer, temblorosa, abrazó al joven y entrelazados, él le susurró al oído, -Manolita, he esperado desde que somos niños y debo casarme contigo cuanto antes. -¿Por qué la prisa? preguntó ella. -Porque muero de amor por ti. A lo lejos se escucharon los pasos fuertes y conocidos de doña Raquel. -Es mi madre, nos ha escuchado, a ver qué le dices ahora. Poco a poco los enamorados se fueron separando sin poder ocultar el momento íntimo.
El día llegó y había que enfrentarlo. Doña Raquel saludo a Rodrigo, quien lucía nervioso. ¿Qué te trae por aquí?, preguntó la mujer, estamos por empezar a comer; acompáñame a tomar una cubita. ¿Una cubita? –pensó Manolita, que temblaba de pies a cabeza.
Los recuerdos no cesaban y era imposible desaparecer la sonrisa, del rostro aún angelical de Manola. La cumpleañera había dejado todo en orden en la cocina: los moles, los arroces, los chiles rellenos y la sopa de guías estaban en su punto, todo a tiempo, como a ella le gustaba.
“Cubita”, murmuró Manolita, ¡A qué doña Raquel! Ron acompañado con ese refresco que primero se vendió como medicina y rápidamente se hizo famoso en México entre los jóvenes que pretendían estar a la moda y se reunían en las novedosas cafeterías que tenían como recomendación submarinos o flotantes con Coca Cola, además de malteadas, club sándwich y enchiladas suizas.
Doña Raquel sospechaba la razón de la visita de Rodrigo, pero su prudencia y buen manejo de la situación se hizo presente, al abordar diferentes temas; Rodrigo, sin dejar de estar sonrojado, escuchaba atento las anécdotas divertidas de doña Raquel, que era dominante y astuta, manipuladora y encantadora, inteligente y creativa. Después de ser el centro de atención en aquella extraña comida, donde las cocineras murmuraban tras las puertas, esperando la hora en que el joven se decidiera a revelar la razón de su visita, doña Raquel haciendo una comparación entre su exquisito postre de chocolate y el amor, pregunto -Rodrigo dime, ¿Cómo complacerías a la mujer de tus sueños? El muchacho tartamudeando le dijo -Bueno, si de comida se trata, le cocinaría todos los días, para que ella se dedicara a cuidar a los hijos.
-Muy bien contesto la mujer, con una sonrisa que no le cabía en la cara. ¿Y cómo los mantendrías?
-Pues trabajando ¿De qué otro modo? Me he titulado y pondré mi propio negocio. -¿Y en qué negocio has pensado?
- En la comida, contestó Rodrigo, a Manolita y a mí nos encanta.
-¡Ah, caray! ¿Y cómo está eso que con Manolita?
-Pues mire desde niños nos hemos entendido bien, y para qué más que la pura verdad, me quiero casar con ella, Doña Raquel.
- Muy bien, contesto la madre. Pues que no corra prisa, ya lo hablaremos más adelante, Manolita y tú están muy chamacos, ella apenas cumplirá los 18, y en esta casa a las mujeres les gusta la independencia, no estoy tan segura de que Manola esté ya en condiciones de casarse, démosle tiempo al tiempo.
Doña Raquel hizo una pausa… y no es que crea que no puedes con el paquete, simplemente los tiempos han cambiado. Hemos pasado dos guerras mundiales, una revolución y una cristeada, todo esto en muy poco tiempo; pero no te preocupes Rodrigo, tú eres como otro hijo en esta casa, así es que no corras, el año que entra Manolita tendrá 19, y seguro estaremos en los preparativos de la boda que tanto quieres.
Los enamorados permanecieron quietos en sus sillas, con ganas de dar de brincos por toda la casa. La Nana escucho todo tras la puerta de la cocina, y empezó sin querer a hacer los planes para la boda. Ahora sí Manolita tendrá que aprender algunas cositas en la cocina, cuando menos para que no se le “queme el agua”.
No corran, insistió doña Raquel, la juventud es corta y hay que disfrutarla, imagínense, les contó a los jóvenes. Yo estoy viva de puritito milagro, a mi madre nunca le sobrevivieron más de seis hijos al mismo tiempo, y eso que parió a 19 chamacos; las épocas cambian, ya ven, yo nada más tuve tres y todas mujeres…
Manolita Recomienda: Oaxaca, destino donde puedes disfrutar la Fiesta de los Lunes del Cerro, mejor conocida como la Guelaguetza. Es muy recomendable llegar temprano al Cerro del Fortín y disfrutar de unas empanadas de amarillito, unos tamales, pan de yema y atole. Prepárese para recibir de las diferentes delegaciones ofrendas que van desde pan, fruta, tlayudas, guajolotes, piñas y plátanos machos ¡cuidado con la cabeza! Le puede caer alguna ofrenda.






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