No hay mejor pretexto para escaparse este fin de semana a la ciudad de Oaxaca, que su Guelaguetza. La fiesta étnica más importante de América, cuyo significado y representación para el pueblo oaxaqueño, para el estado de Oaxaca, para México y para el mundo, no tienen paralelo.
Vivir la Guelaguetza, ha sido una de las experiencias más reveladoras y emotivas de las que he tenido oportunidad de disfrutar. Lo mejor es aprovechar el fin de semana para conocer los principales atractivos de la ciudad de Oaxaca y sus alrededores. Existen lugares mágicos como Monte Albán y Mitla. Sitios como El Tule, donde su famoso árbol, un ahuehuete, representa el mayor motor económico del pueblo, por las visitas que este genera.
Los mercados, las fábricas de mezcal y de alebrijes, están ávidos de recibir a los visitantes. Y qué decir de la gastronomía, los 7 moles, los tasajos, los tamales y por supuesto los mezcales, solo por nombrar lo más representativo. Todo y todos en Oaxaca quieren consentir al turista. A esto, se suma un atributo muy particular, que confieso no he percibido en tal magnitud en ningún otro lugar; ¡Orgullo!
Así es, el orgullo de los oaxaqueños por su Guelaguetza, simplemente hace que nos sintamos pequeños. La convicción, la dedicación, la preparación y hasta la devoción, son calificativos que uno percibe en la gente de Oaxaca, cuando se habla de la Guelaguetza.
Todo inicia el sábado con la comida de las delegaciones, donde las 8 regiones se reúnen a comer. Se presentan la música, el baile y los participantes, todos se integran por un fin común. De ahí, desplazan el festejo a las calles para iniciar la Calenda, el desfile de las delegaciones en un recorrido multicolor por el centro de la ciudad, que culmina en el maravilloso templo de Santo Domingo. Todo es festejo y alegría, todo es unión y comunión. Así es la preparación para la Guelaguetza.
El domingo por la noche, se representa la leyenda de Donaji. Una historia de valor, compromiso y amor. Tan importante resulta Donaji para Oaxaca, que su silueta forma parte del escudo del estado.
Finalmente, llega el lunes del cerro. El día de la gran celebración que Oaxaca le regala al mundo. Las regiones presentan a sus candidatas a representar a la Diosa del maíz, Centéotl. Después les sigue el convite de chirimías, que son los conjuntos musicales. Se continúa con las representaciones de los bailes de cada región, donde los más conocidos son la Flor de Piña, la Danza de las Plumas y por supuesto, el Jarabe Mixteco. Lo impresionante es ver como la intensidad y el sentimiento va creciendo a cada baile. Cuando llega el cierre, el evento alcanza su clímax y todo el cielo se decora con el destello de los fuegos artificiales.
Yo aprendí que en Oaxaca hay un orgullo por el origen, la tierra, el pueblo y sus tradiciones. Oaxaca está lista y dispuesta para compartir su magia. Hagamos turismo en Oaxaca, vivamos la Guelaguetza. Hagamos turismo en México. Hasta la próxima.
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